Mostrando entradas con la etiqueta #15M. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #15M. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de febrero de 2013

Marcha en Defensa de la Sanidad Pública en Las Rozas. #mareablanca

Hace hoy precisamente ocho días que se celebraba en Las Rozas una marcha en defensa de la Sanidad Pública.

Pocas manifestaciones se producen en nuestro municipio, y motivos nos sobran, la verdad, pero esta fue un éxito de participación.

Como una imagen vale más que mil palabras, y más si esas imágenes son en movimiento, aquí os dejo un vídeo de la Marcha.



(Vídeo vía ABlasrozas).

sábado, 2 de febrero de 2013

Exito de la Marcha por la Sanidad Pública en Las Rozas

Ayer tuvo lugar la Marcha por la Sanidad Pública en Las Rozas.



La Marcha, organizada por la Asamblea Popular 15M Las Rozas-Las Matas,  fue un éxito rotundo de asistencia. Eramos muchos y muchas, entre ellos personal sanitario de los distintos Centros de Las Rozas y Las Matas, los que reivindicamos una Sanidad Pública, Gratuita y Universal.


La Marcha se inició en el Centro de Salud de Atención Primaria, El Abajón y discurrió por la calle de la Constitución, Plaza del Ayuntamiento y finalizó en la Plaza de España.


Fue en la Plaza de España donde culminó la Marcha y uno de los compañeros, médico para más señas, de la Asamblea Popular 15M Las Rozas-Las Matas, leyó un Manifiesto de denuncia de la situación de la Sanidad que vivimos actualmente en la Comunidad de Madrid, de la que nuestro municipio no es ajeno.


.

El Manifiesto es el siguiente:


En los últimos meses estamos asistiendo a un ataque frontal del Gobierno Central y el de la Comunidad de Madrid que pretende cambiar el modelo de nuestra Sanidad Pública, que con tanta eficiencia ha funcionado (según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2000 ocupábamos el 7º mejor puesto mundial). Esto ha producido un movimiento de resistencia tanto de los trabajadores sanitarios y no sanitarios, como de usuarios, ciudadanos, Sociedades Científicas y Colegios Profesionales, como no se había visto nunca.

Con la excusa de la “crisis”, que ya sabemos que es una gran estafa promovida por el gran capital para aumentar sus beneficios ilimitadamente a costa de nuestros salarios, derechos laborales y de las arcas públicas, están privatizando áreas muy importantes de nuestra Sanidad para entregárselas a empresas privadas con ánimo de lucro, que se van a enriquecer a costa de que el 99 % de la población tengamos una sanidad peor y más cara.

En la primavera del 2012 el Gobierno central aprobó el Real Decreto 16/2012 que acabó con la cobertura universal, con todas las prestaciones gratuitas que hasta entonces ofrecía nuestra Sanidad y aumentó la aportación de los usuarios para todos los tratamientos, incluyendo a los pensionistas. Así, el derecho a la salud queda sin plenas garantías, pues diversos colectivos (principalmente inmigrantes irregulares) quedan excluidos de la atención sanitaria reglada y otras muchas personas no podrán costearse los fármacos que necesitan.

Posteriormente, el 27 de Diciembre,  la CAM ha aprobado la Ley de Presupuestos para el 2013, que permitirá la privatización completa de los 6 nuevos Hospitales Concertados (Arganda, Vallecas, Coslada, S. Sebastián de los Reyes, Parla y Aranjuez), que pasarán a ser completamente privados, como los de Valdemoro, Móstoles, Torrejón y Collado-Villalba. Las empresas que gestionan estos Hospitales (Capio, USP, ...) son, fundamentalmente, fondos de capital riesgo europeos y tienen conexiones con políticos o familiares de políticos.

Los contratos que han firmado con la CAM les supone un canon anual por cada habitante de su zona de atención (más caro que en cualquier Hospital Público), libertad absoluta para seleccionar sus pacientes, ya que podrán enviar los menos rentables (ancianos con enfermedades crónicas, infectados por SIDA…) a la pública y quedarse con los más rentables. Además se les garantiza por contrato una obtención de beneficios de entre 10-15%, sean cual sean sus resultados. Por si fuera poco, aún antes de entrar en funcionamiento (como el de Collado-Villalba) reciben de la CAM (dinero de todos) unos 900.000 euros mensuales en concepto de “mantenimiento”.

También quieren privatizar todo lo no sanitario (cocinas, mantenimiento, limpieza…) de los Hospitales públicos y el 10 % de los Centros de Salud, lavandería general, Central Radiológica y, en el colmo de la desfachatez, cobrar 1 euro por receta.

Nos dicen que no hay dinero y que no hay otra solución. Es mentira, ya que sí hay mucho dinero para rescatar a los Bancos. No  se está aplicando una fiscalidad justa y progresiva: recuperar el Impuesto de Sucesiones y Patrimonios, gravar las transacciones financieras especulativas, aumentar los impuestos a las rentas altas, a las Sociedades de Inversión ( SICAV), a empresas con beneficios multimillonarios, a la Iglesia, y un largo etcétera, permitiría aumentar los ingresos del Estado y desarrollar más los Servicios Públicos.

Pero la mayor parte del dinero público se está empleando en pagar los intereses desorbitados de la deuda pública a bancos españoles y europeos (que lo cogían del Banco Central Europeo al 1 % de interés) y en colmar de beneficios a las empresas privadas que van apoderándose de nuestros Servicios Públicos.

No podemos consentir este expolio de lo público tan injusto, perverso y continuado. Por eso nos manifestamos aquí en nuestro pueblo de las Rozas y Las Matas para dejar clara nuestra indignación y la exigencia de recuperar y revitalizar nuestra Sanidad Pública.

¡ No a la privatización de la Sanidad Pública!

¡No al despilfarro con las empresas con ánimo de lucro!

¡Juntos podemos!



miércoles, 30 de enero de 2013

Marcha en defensa de la Sanidad Pública en Las Rozas (1-2-2013; 18:30 horas)

Marcha por la Sanidad Pública en Las Rozas-Las Matas el 1 de febrero a las 18:00 en el Centro de Salud El Burgo hasta la Plaza de España.

En los últimos meses nuestra Sanidad Pública está sufriendo un grandísimo ataque desde el Gobierno Central y Autonómico para desmantelarla y favorecer su privatización en manos de empresas privadas con ánimo de lucro.

A base de privatizaciones, recortes y despidos de trabajadores y trabajadoras sanitarios y no sanitarios, nuestra Sanidad está dejando de ser universal, -muchas personas, sobre todo inmigrantes irregulares, no tienen ya una cobertura sanitaria completa-, gratuita, -pagamos más por las recetas, incluso los pensionistas, y además quieren cobrarnos un euro por receta-, y de calidad, -menos personal, menos camas y menos medios.

Aprobada la Ley de Presupuestos para el ejercicio 2013 en la Asamblea de Madrid, quieren privatizar completamente todos los hospitales nuevos, el diez por ciento de los Centros de Salud y la parte no sanitaria, -cocina, mantenimiento, limpieza, ...-, de los Hospitales Públicos.

Estos supone una Sanidad peor y más cara, -la Consejería de Sanidad no ha sabido dar ni una sola razón para desmentirlo, ante la oposición masiva de sanitarios, usuarios, Colegios Profesionales, ...-, y el enriquecimiento de una serie de empresas privadas -, Capio, Ribera Salud, UPS, ...-, con muchas conexiones con políticos o sus familiares.

No podemos permitir que con la excusa de una crisis-estafa nos arrebaten nuestros Servicios Públicos, nuestros derechos laborales y el dinero público para entregárselos a los bancos y empresas privadas con ánimo de lucro.

¡¡¡La Sanidad es un derecho, no un negocio!!!

¡¡¡Por una Sanidad 100% Pública, Universal, Gratuita, de Calidad y con Control Social!!!

¡¡¡Juntos podemos!!!


sábado, 3 de marzo de 2012

Consulta social sobre la privatización del Canal de Isabel II

Entre las diferentes acciones que está llevando a cabo la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II, destaca la consulta popular sobre la privatización que va a realizar este domingo, día 4 de marzo.



En nuestro municipio, La Asamblea Popular de Las Rozas-Las Matas se suma a esa consulta y estará con una urna para que puedan ejercer el voto todas aquellas vecinas y vecinos preocupados por la privatización de una empresa pública que gestiona un bien imprescindible para la vida como es el agua.


Podrás votar en la mesa que se instalará a la entrada del centro comercial Burgo Centro, de once de la mañana a seis de la tarde.


¡Qué el agua de todos los madrileños siga siendo de todos los madrileños!


¡Participa!







viernes, 2 de marzo de 2012

Salvemos el encinar de Kodak (II)

La Asamblea Popular de Las Rozas-Las Matas convoca para este sábado un acto contra la modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Las Rozas que afecta a un magnífico encinar en el Parque Empresarial.




Tras la acción celebrada el pasado domingo 19 de febrero, en la que paseamos por el encinar acompañados por un naturista que nos identificó y enseño la riqueza de la flora del encinar, nos reunimos este sábado para presentar colectivamente la alegación que se ha redactado en contra de esa modificación puntual que permitirá la construcción de cerca de 1000 viviendas en el encinar y que supondría un gravísimo menoscabo en el mismo, ya que atentaría contra su integridad.

Encina

Piruétanos

Encina

Enebro

En Las Rozas no necesitamos más ladrillo tras el boom inmobiliario. 

Necesitamos que se proteja el entorno natural que poseemos y que nos proporciona calidad de vida.

No podemos permitir que los intereses económicos de unos pocos se impongan a los intereses de la mayoría.

Descárgate, cumplimenta y entrega la alegación con todos nosotros este sábado a partir de las once de la mañana en la Plaza del Ayuntamiento.

¡No puedes faltar!


viernes, 9 de diciembre de 2011

Seis piezas para reconstruir la Izquierda

Artículo de Juan Torres López. Consejo científico de ATTAC.


El contexto actual –crisis económica y social de gran envergadura– debería ser, objetiva y electoralmente, favorable a las izquierdas. Sin embargo, no lo es. En particular en España, donde las encuestas prevén una victoria de las derechas en las elecciones generales del 20 de noviembre. ¿Cómo se explica que el mayor descalabro en un siglo de las tesis económicas conservadoras coincida con el fracaso de la izquierda ? ¿Qué debe hacer ésta para reconstruirse?
El periodo de perturbaciones financieras y sociales que estamos viviendo revela muchas carencias y frustraciones. Puede decirse, como los propios dirigentes conservadores lo reconocen, que el sistema capitalista está registrando una falla de extraordinaria intensidad. Podría hablarse incluso de fracaso histórico. Treinta y cinco mil muertes diarias por hambre y un sistema financiero internacional al borde de la quiebra generalizada serían suficientes argumentos para mantener esa afirmación.
Pero, al mismo tiempo, es imposible dejar de reconocer que se ha producido un fracaso paralelo de las organizaciones de la izquierda tradicional y de los movimientos alternativos a la hora de impedir que esa crisis del sistema se haya resuelto con un avance sustancial hacia la superación del capitalismo y hacia el mayor empoderamiento (empowerment) de las clases trabajadoras y, en general, de la población que sufre.
Es cierto que este fracaso tiene su origen en una contundente ofensiva previa de las fuerzas del capital que no dudaron en acabar con la vida de miles de personas con tal de soslayar cualquier atisbo de cambio social que perjudicara a los grandes poderes financieros, económico y mediáticos. Y que la derrota de las fuerzas de izquierda es debida, en gran parte, a las formas muy antidemocráticas que ha venido utilizando el capitalismo neoliberal de nuestra época.
Y es verdad también que el fracaso no ha sido total, si se tiene en cuenta que la forma en que se resuelve la crisis está levantando una oleada planetaria de indignación, una rebeldía que se hace notar cada vez con más fuerza que quizá sea el origen de un nuevo espacio de lucha social y de sujetos políticos de nuevo tipo, con más capacidad de impulsar cambios, como lo está siendo en España el Movimiento 15-M.
Pero, en todo caso, es evidente que éstos últimos se encuentran todavía en fase muy embrionaria y que, de momento, no son capaces de generar la fuerza necesaria ni para frenar la ofensiva del capitalismo neoliberal, ni para constituir una alternativa deseada, creíble a la que los poderes dominantes le tengan temor.
Por eso, está injustificado continuar actuando desde las filas de las izquierdas como si nada hubiera pasado, ajenos a la impotencia efectiva que padece la izquierda a la hora de proponer alternativas, de hacerlas atractivas para las mayorías sociales y de frenar los continuos ataques al bienestar, a la democracia y a la libertad que se vienen produciendo.
Este fracaso de las izquierdas no tiene que ver sólo con circunstancias coyunturales. Es la culminación de una serie de deficiencias y limitaciones históricas muy graves en el discurso y en la práctica que las diferentes sensibilidades de la izquierda vienen realizando.
Estas limitaciones podrían resumirse en un efecto principal : la incapacidad para influir en las condiciones que generan hegemonía y consenso social. Y eso por varias razones.
En primer lugar : los discursos de la izquierdas siguen basándose en categorías intelectuales y formales que ya no entroncan con los códigos con los que la sociedad percibe los fenómenos sociales. Puede ser cierto que eso responde a un empobrecimiento de los modos de analizar el mundo y a una banalización de los códigos de percepción y socialización, pero la realidad es que la terminología, los tonos, las formas y los iconos de las izquierdas más o menos convencionales no encajan hoy con el lenguaje dominante en nuestras sociedades. La prueba de ello es que, al mismo tiempo que las organizaciones más tradicionales apegadas a este tipo de discurso se hacen cada vez más ajenas a la población, otras de carácter más abierto, de expresión más plural y lenguaje menos nominalizado –como pueden ser ATTAC u otras asociaciones y movimientos de este tipo, como la reciente Democracia Real Ya, en el seno del 15-M–, son capaces de desplegar mucha más influencia y capacidad de convencimiento e incluso movilización social.
Aunque pudiera ser cierto que este fenómeno sea el resultado de los ataques injustos, de la demonización por parte de los grandes poderes mediáticos, lo cierto es que la vieja iconografía de las banderas, de las hoces y martillos o de los discursos de las grandes categorías de la mecánica social del siglo XIX ya no permiten que haya entendimiento y empatía entre las izquierdas que se amparan en ellos y las gentes normales y corrientes a las que se apela.
En particular, las izquierdas tradicionales parecen seguir empeñadas en entender que los cambios sociales se producen a través de la acción de sujetos colectivos impersonales (la “clase obrera”, el “proletariado”), sin percatarse de que si bien las clases siguen siendo cada vez más nítidas y reales, lo cierto es que los cambios no los realizan las categorías sociológicas sino las personas.
En segundo lugar : a las izquierdas les falta humanidad, en el sentido más lato del término : hablarle a los ojos a los seres humanos, rozarse con ellos (como, por cierto, pasaba en los primeros hitos de los movimientos obreros organizados), gozar y sufrir con ellos, en lugar de hablarles para llamarles a la acción desde la (falsa) seguridad de que conocen sus destinos y la forma en que pueden conquistarse. Es decir, haciéndose cómplices y no dándoles órdenes.
Casi todas las izquierdas están ancladas además en discursos maximalistas que la inmensa mayoría de la gente considera hoy día completamente extemporáneos, como consecuencia de esa especie de disociación cognitiva entre sus respectivas formas de ver la naturaleza de los asuntos sociales e incluso en las de expresarlos verbalmente.
En tercer lugar, las izquierdas vienen mostrándose incapaces de gobernar la diversidad, incluso su propia diversidad interna. Sigue estando asociada a depuraciones, batallas cainitas, divisiones, secesiones y a todo tipo de rupturas. No por casualidad sino como fruto de lo que acabo de señalar. Cada sensibilidad de izquierdas se presume dueña de las claves que permiten interpretar lo que ocurre en el mundo y solucionarlo. La socialdemocracia es “traidora” para quienes están a su izquierda, pero la izquierda comunista tradicional es “reformista” para la que se cree más anticapitalista, y ésta última perfectamente asociable a la anterior para los anarquistas o autonomistas, y así sucesivamente. Una patología que, a su vez, se reproduce en el seno de cada una como puede percibir cualquier observador, incluso lejano, de lo que ocurre en la izquierda.
Eso se traduce no sólo en una falta de afecto de la sociedad hacia quien así se comporta, sino también en una desunión visceral. Lo cual impide que las respuestas frente a las agresiones del capital sean eficaces.
Se trata de una herencia pesada que sigue haciendo que la izquierda se deje llevar por el mecanicismo que se transmuta en totalitarismo cuando se desenvuelve entre algo que tenga que ver con el reparto del poder (por muy insignificante que este sea). No sólo en el nivel operativo o de la acción sino en el de acuerdo sobre cuestiones básicas que es increíble que aún no estén resueltas de común acuerdo : el papel de la presencia en las instituciones, del trabajo sindical, etc.
En cuarto lugar, la izquierda paga muy caro también su incapacidad para “adelantar” a la sociedad lo que le ofrece, para anticiparle de alguna forma el tipo de mundo que desea alcanzar. Salvo casos muy excepcionales, y precisamente por ello muy valiosos, y sobre todo en procesos dirigidos por experiencias de participación popular más que por la izquierda tradicional, apenas tenemos entre nosotros experiencias de nuevas formas de organización económica, financiera, social, urbana… salvo casos, repito, muy singulares y excepcionales. Algo muy diferente a lo que ocurría en los primeros pasos de los movimientos obreros organizados cuando se creaban cooperativas, vínculos de solidaridad personal y social muy visibles, y experiencias de vida en común que permitían que los trabajadores comprobasen que valía la pena optar por otro modo de vivir y de actuar.
Todo lo anterior no puede ser ajeno al desprecio de las actividades formativas, a la escasa relevancia que se da a la consistencia intelectual de la militancia de izquierdas. Es tan significativo como lamentable que no existan experiencias de escuelas, de seminarios conjuntos, de medios de comunicación compartidos, de revistas…. de izquierdas. La cuestión estriba, pues, en reflexionar sobre si se pueden superar estas deficiencias.
No va a ser tarea fácil porque se implican muchas dimensiones del problema y a muchos sujetos y organizaciones, pero se trata de un reto al que están abocadas las diferentes corrientes y sensibilidades de la izquierda si no quieren ir desapareciendo y quedar definitivamente convertidas en resquicios de épocas pasadas.
El primer requisito es asumir que esta tarea requiere un esfuerzo gigantesco y sincero de convergencia. Es imprescindible unir fuerzas y llevar a cabo un acercamiento de análisis de la situación y de propuestas. Hay que superar la fragmentación, el ensimismamiento y el conformismo con ocupar una trinchera propia inexpugnable en torno a principios abstractos y cada vez más vacíos de contenido.
El segundo requisito : poner en primer plano la movilización social más amplia posible. El dominio del capitalismo neoliberal tiene el inconveniente de que es extraordinariamente agresivo pero la ventaja, desde el punto de vista de hacerle frente, es que afecta a clases y capas sociales muy amplias, muchas de ellas ajenas a los espacios a los que tradicionalmente se ha asociado la izquierda.
Dirigirse solamente a las personas de izquierda, apelar exclusivamente a la unión de las izquierdas, puede ser un prerrequisito pero no un objetivo final porque esto sería limitarse a querer movilizar a un porcentaje ya casi ínfimo de la sociedad. Se trata, por el contrario, de actuar como catalizadores de la respuesta social más amplia posible, de todos y todas “los de abajo”. Teniendo en cuenta que las agresiones del neoliberalismo se producen no sólo a las clases trabajadoras sino a pequeños y medianos empresarios, a autónomos o profesionales, a las clases pasivas, o a los jóvenes y a los jubilados, a las mujeres, sin distinción de ideologías e incluso de posición social.
Es preciso pues que las izquierdas recobren su capacidad de interlocución con la sociedad y que no se dediquen a hablar con ellas mismas, que recuperen el sentido humano de la vida política, que humanicen sus discursos vaciándolos de categorías nominalistas para llenarlos de fraternidad, de sentimientos y de cercanía a la gente que no necesariamente comparte –ni va a compartir jamás con ella– los códigos de pensamiento y lenguaje.
La izquierda, además, debe ser consciente de que es imposible llevar a cabo los cambios sociales sólo con sus propios partidarios o fieles, o jugando el partido “en casa”. Se debe hacer con los mimbres que hay en cada momento, con la oposición de buena parte de la sociedad a la que no se puede hacer desparecer y caminando constantemente contra la corriente. Percibir que se actúa en un mundo complejo, y aprender a actuar en estas condiciones es la gran tarea pendiente de las izquierdas y sin lo cual es imposible que puedan salir adelante sus propuestas de cambio.
Si la izquierda avanza en estas líneas de convergencia y empatía con la sociedad podrá abordar otros pasos de los que depende la quiebra del sistema de dominio en el que estamos : rompiendo su legitimación, haciendo saltar los consensos básicos del neoliberalismo, mostrando que sus instituciones no funcionan y presentando a la sociedad nuevas alternativas.
Los movimientos de “indignados” y el 15-M, demuestran que son muchas las personas dispuestas a afrontar el reto de pensar y hablar de otro modo a la sociedad para desvelar y combatir las injusticias y la explotación. Lo harán con o sin las izquierdas tradicionales. Así que a éstas más les vale ponerse al día, quitarse los viejos ropajes y meterse, con inteligencia y humildad, en los nuevos espacios de la política contemporánea.
(Vía ATTAC España).

martes, 18 de octubre de 2011

Dinámica doble

La doble dinámica a la que hago referencia en el título de esta entrada viene dada por el movimiento 15-M y los previsibles resultados electorales de los comicios generales del próximo 20 de noviembre.

15-M/20-N.

El 20-N se celebrará, para algunos, una más que posible mayoría absoluta del Partido Popular.

Mientras, el 15-M ha congregado el quince de octubre las mayores manifestaciones que se recuerdan en diferentes ciudades de este país. Se demanda una democracia más participativa, un no rotundo a los recortes sociales y una alternativa a la salida de la crisis, más allá de la que preconizan los mercados y sus portavoces en las instituciones económicas mundiales, tales como el FMI o la propia Unión Europea.

El 20-N, mejor dicho, el día después, será más de lo mismo: seguiremos estando bajo el diktat de los mercados.

La crisis económica es sistémica. Está producida por la hegemonía de políticas económicas neoliberales. Las recetas de política económica que se formulan para afrontar la crisis forman parte de la misma enfermedad que ahora nos aqueja y que ellos mismos han provocado: control del déficit público mediante recortes sociales que van a conducir a decapitar el escaso Estado de Bienestar que disponemos.

El 15-M, por su parte, propone una profundización en la democracia como sistema de gobierno. Se rebela, entonces, contra la partitocracia imperante y sus privilegios.

Propone salidas sociales a la crisis económica y no duda en afirmar que la doctrina económica neoliberal y su establishment son los responsables de la crisis.

Nos encontramos, pues, en una encrucijada en el corto y medio plazo. Las movilizaciones irán in crescendo, ya que las bases del PSOE saldrán a la calle una vez perdido el poder y serán, ademas promovidas y apoyadas por su propio partido.

La cuestión estriba en qué se obtiene tras las masivas movilizaciones. No obtener nada, o muy poco según los optimistas, provoca la frustración y, en última instancia, la desmovilización ante la falta de atención a la alternativa por los poderes político-económicos. Es una lucha a medio plazo, constante y de larga permanencia en el tiempo.

La otra senda que se abre es la de la profundización en la crisis y en sus efectos con la aplicación de recetas económicas fallidas y que supondrán la defunción del Estado de Bienestar, pieza muy codiciada por la fe neoliberal.

En cualquier caso, nos encontramos ante un fin de ciclo en el que tenemos la oportunidad de expresar nuestras demandas y deseos para el futuro. La unidad cuenta.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Ladrones del mundo, uníos (Slavoj Zizek)

La repetición, según Hegel, tiene un papel crucial en la Historia: cuando algo sucede sólo una vez, puede ser descartado como un accidente, algo que podría haberse evitado si la situación se hubiera manejado de manera diferente; pero cuando el mismo evento se repite, se trata de una señal de que un proceso histórico más profundo se está desarrollando. Cuando Napoleón fue derrotado en Leipzig en 1813, pareció una cuestión de mala suerte; pero cuando perdió de nuevo en Waterloo, estaba claro que su tiempo había pasado. Lo mismo vale para la persistente crisis financiera. En septiembre de 2008, algunos la presentaron como una anomalía que podría corregirse mediante una mejor reglamentación, etc.; pero, ahora que los signos de una crisis financiera se repiten está claro que se trata de un fenómeno estructural.


Se nos dice una y otra vez que estamos viviendo una crisis de la deuda, y que todos tenemos que compartir la carga y apretarnos el cinturón. Todos, es decir, excepto los (muy) ricos. La idea de gravarlos más es tabú: si lo hiciéramos, nos dicen, los ricos no tendrían ningún incentivo para invertir, se crearían menos puestos de trabajo y todos sufriríamos. La única manera de salvarnos en estos tiempos difíciles es empobrecer más a los pobres y enriquecer a los ricos. ¿Qué deberían hacer los pobres? ¿Qué pueden hacer?


A pesar de que los disturbios en el Reino Unido los desencadenó el sospechoso incidente del tiroteo a Mark Duggan, todos coinciden en que expresan una inquietud más profunda. Pero, ¿de qué tipo? Al igual que en la quema de automóviles en las banlieues de París en 2005, los amotinados del Reino Unido no tienen ningún mensaje que transmitir. (Un claro contraste con las manifestaciones masivas estudiantiles de noviembre de 2010, que también fueron violentas. Los estudiantes dejaron claro que rechazaban las reformas propuestas a la educación superior). Por esta razón, es difícil concebir a los alborotadores del Reino Unido en términos marxistas, como ejemplo de la aparición de un sujeto revolucionario; encajan mucho mejor con el concepto hegeliano de «chusma», es decir, los que están fuera del espacio social organizado y que sólo pueden expresar su descontento por medio de arrebatos “irracionales” de violencia destructiva, lo que Hegel llamó “negatividad abstracta”.


Hay un viejo cuento sobre un trabajador sospechosos de robo: todas las noches, al salir de la fábrica, inspeccionaban cuidadosamente la carretilla que empujaba frente a sí. Los guardias no encontraban nada, siempre estaba vacía. Por último, cayeron en la cuenta: lo que el trabajador estaba robando eran las carretillas mismas. Los guardias obviaban la verdad evidente, del mismo modo que han hecho los comentaristas de los disturbios. Se nos ha dicho que la desintegración de los regímenes comunistas, en la década de 1990, marcó el fin de las ideologías: el tiempo de los grandes proyectos ideológicos que culminaron en catástrofes totalitarias había terminado, y habríamos entrado en una nueva era de políticas racionales y pragmáticas. Si el tópico de que vivimos en una era posideológica es cierto en algún sentido, ello es visible en este reciente brote de violencia. Ha sido una protesta de grado cero, una acción violenta sin ninguna exigencia. En su intento desesperado por encontrar significado en los disturbios, los sociólogos y editorialistas han ofuscado el enigma que presentan los disturbios.


Los manifestantes, aunque socialmente desfavorecidos y de facto excluidos, no vivían al borde de la inanición. Personas en mucha peor situación material, para no hablar de situaciones de opresión física e ideológica, han sido capaces de organizarse en fuerza política dotada de programas claros. El hecho de que los alborotadores no tengan programa es pues en sí mismo un dato que exige interpretación y que nos dice mucho acerca de nuestra situación político-ideológica y del tipo de sociedad en que vivimos, una sociedad que celebra la posibilidad de elección, pero cuya única alternativa posible al vigente consenso es un ciego acting out. La oposición al sistema no puede ya articularse en forma de una alternativa realista, o siquiera como un proyecto utópico, sino que sólo puede tomar la forma de un arrebato sin sentido. ¿Qué sentido tiene celebrar nuestra libertad de elección cuando la única opción está entre la aceptación de las reglas del juego y la violencia (auto)destructiva?


Alain Badiou sostiene que vivimos en un espacio social que se experimenta cada vez más como “sin mundo”: en este espacio, la única forma que puede tomar la protesta es la violencia sin sentido. Tal vez es éste uno de los principales peligros del capitalismo: aunque en virtud de su ser global abarca el mundo entero, sostiene una constelación ideológica “sin mundo” en la que se encuentran personas privadas de su modo de localizar significados. La lección fundamental de la globalización es que el capitalismo puede acomodarse a todas las civilizaciones, de la cristiana a la hindú o budista, del Este al Oeste: no hay una visión capitalista global, ni una civilización capitalista en sentido estricto. La dimensión global del capitalismo representa la verdad sin sentido.


La primera conclusión que puede extraerse de los disturbios, por lo tanto, es que tanto las reacciones conservadoras como las liberales ante el descontento no son suficientes. La reacción conservadora ha sido predecible: no hay justificación para este tipo de vandalismo, es preciso usar todos los medios necesarios para restaurar el orden, para evitar más explosiones de este tipo no hace falta más tolerancia y ayuda social sino disciplina, trabajo duro y sentido de la responsabilidad. Lo malo de este relato no es sólo que hace caso omiso de la desesperada situación social que empuja a los jóvenes a estallidos de violencia, sino, tal vez más importante, que no tiene en cuenta la forma en que estos arrebatos se hacen eco de las premisas ocultas de la misma ideología conservadora. Cuando en la década de 1990, los conservadores lanzaron su campaña de “vuelta a lo básico”, su complemento obsceno fue revelado por Norman Tebbitt: “El hombre no es sólo un ser social, sino también un animal territorial; debemos incluir en nuestros programas la satisfacción de estos instintos básicos tribalistas y territoriales".


Esto es lo que la ideología de “vuelta a lo básico” fue, realmente: la liberación del bárbaro que acecha bajo nuestra sociedad aparentemente civilizada y burguesa, mediante la satisfacción de sus “instintos básicos”. En la década de 1960, Herbert Marcuse introdujo el concepto de “desublimación represiva” para explicar la llamada revolución sexual: era posible desublimar los impulsos, darles rienda suelta y mantenerlos sujetos al mecanismo capitalista de control, a saber, la industria del porno. En las calles británicas, durante los disturbios, lo que vimos no eran personas reducidas a bestias, sino la forma esquemática de la “bestia” producto de la ideología capitalista.


Mientras tanto, los progresistas de izquierda, igualmente predecibles, pegados a los mantras de los programas sociales, las iniciativas de integración, el abandono que ha privado a los inmigrantes de segunda y tercera generación de sus perspectivas económicas y sociales: los brotes de violencia son el único modo que tienen que articular su descontento. En lugar de caer nosotros mismos en fantasías de venganza, debemos hacer un esfuerzo para comprender las causas profundas de los estallidos. ¿Podemos siquiera imaginar lo que significa en un barrio pobre ser joven, mestizo, sospechoso por sistema para la policía y acosado ​​por ésta, no sólo desempleado sino también no empleable, sin esperanza de un futuro? La implicación es que las condiciones en que se encuentran estas personas hacen inevitable que salgan a la calle. El problema con este relato, sin embargo, es que sólo cuenta las condiciones objetivas de los disturbios. La revuelta consiste en hacer una declaración subjetiva, declarar de manera implícita cómo uno se relaciona con una sus propias condiciones objetivas.


Vivimos en una época cínica y es fácil imaginar a un manifestante que, atrapado saqueando y quemando una tienda, si se le presiona para que exponga sus razones, responda con el lenguaje utilizado por los trabajadores sociales y los sociólogos, citando cuestiones como escasa movilidad social, inseguridad creciente, desintegración de la autoridad paterna o falta de amor maternal en su más tierna infancia. Él sabe lo que está haciendo, pero no obstante lo hace.


No tiene sentido reflexionar sobre cuál de estas dos reacciones, la conservadora o la progresista, es la peor: como hubiera dicho Stalin, las dos son peores, y eso incluye la advertencia dada por las dos partes de que el peligro real de estas explosiones se encuentra en la reacción predeciblemente racista de la “mayoría silenciosa”. Una de las formas de esta reacción fue la actividad “tribal” de los vecinos locales (turco, caribeño, sikh) que rápidamente se organizaron en unidades de vigilancia para proteger su propiedad. ¿Son los comerciantes una pequeña burguesía dispuesta a defender su propiedad contra una protesta genuina, aunque violenta, contra el sistema, o son representantes de la clase obrera en lucha contra las fuerzas de desintegración social? Aquí también deberíamos rechazar la exigencia de tomar partido. La verdad es que el conflicto se dio entre dos polos de los más desfavorecidos: los que han conseguido funcionar en el marco del sistema en oposición a aquellos que están demasiado frustrados para seguir intentándolo. La violencia de los manifestantes estuvo dirigida casi exclusivamente contra su propio grupo. Los coches quemados y las tiendas saqueadas no lo fueron en los barrios ricos, sino en los propios barrios de los manifestantes. El conflicto no es entre diferentes segmentos de la sociedad; es, en su manifestación más radical, el conflicto entre una sociedad y otra, entre los que tienen todo y que no tienen nada que perder; entre los que no tienen ningún interés en su comunidad y aquellos cuya apuesta es la más alta posible.


Zygmunt Bauman ha caracterizado los disturbios como acciones de “consumidores defectuosos y descalificados”: más que nada, una manifestación de un deseo consumista violentamente escenificado, incapaz de realizarse en el modo adecuado: por la compra. Como tal, también contiene un momento de genuina protesta, en forma de una irónica respuesta a la ideología consumista: “¡Nos invitan a consumir, a la vez que nos privan de los medios para hacerlo adecuadamente; así que lo estamos haciendo de la única manera que podemos! “ Los disturbios son una manifestación de la fuerza material de la ideología, lo que desdeciría la llamada “sociedad posideológica”. Desde un punto de vista revolucionario, el problema con los disturbios no es la violencia como tal, sino el hecho de que la violencia no sea realmente autoasertiva. Es rabia impotente y desesperación enmascaradas como exhibición de fuerza, es la envidia disfrazada de carnaval triunfante.


Los disturbios deberían enmarcarse en relación con otro tipo de violencia que la mayoría progresista actual percibe como una amenaza a nuestra forma de la vida: los ataques terroristas y los atentados suicidas. En ambos casos, violencia y contraviolencia se encuentran atrapadas en un círculo vicioso, cada una de ellas generando las fuerzas que trata de combatir. En ambos casos, estamos hablando de ciegos passages à l'acte, en los que la violencia es un reconocimiento implícito de impotencia. La diferencia es que, a diferencia de los disturbios del Reino Unido o de París, los ataques terroristas se llevan a cabo al servicio del Significado Absoluto que proporciona la religión.


¿Pero no fueron los levantamientos árabes un acto colectivo de resistencia que evitó la falsa alternativa de violencia autodestructiva y fundamentalismo religioso? Lamentablemente, el verano egipcio de 2011 será recordado como el fin de la revolución, el momento en que su potencial emancipador fue sofocado. Sus sepultureros han sido el ejército y los islamistas.


Los contornos del pacto entre el ejército (que sigue siendo el ejército de Mubarak) y los islamistas (que fueron marginados en los primeros meses del levantamiento, pero que están ganando terreno) son cada vez más claros: los islamistas tolerarán los privilegios materiales del ejército y a cambio proporcionarán la hegemonía ideológica. Los perdedores serán los progresistas prooccidentales, demasiado débiles –a pesar de los fondos de la CIA que reciben– para “promover la democracia”, así como los verdaderos agentes de los acontecimientos de primavera, la izquierda laica emergente que ha tratado incesantemente de crear una red de organizaciones de la sociedad civil, de los sindicatos a las feministas. Antes o después, la situación económica, que empeora rápidamente, sacará a los pobres, en gran parte ausentes de las protestas de primavera, a las calles. Es probable que haya una nueva explosión, que plantee la difícil pregunta de quiénes son los sujetos políticos de Egipto que capaces de canalizar la rabia de los pobres. ¿Quién va a traducirla a un programa político: la nueva izquierda laica o los islamistas?


La reacción predominante de la opinión pública occidental ante el pacto entre los islamistas y el ejército será sin duda una exhibición triunfal de sabiduría cínica: se nos dirá que, como quedó claro en el caso de Irán (país no árabe), los levantamientos populares en los países árabes siempre terminan en un islamismo militante. Y Mubarak aparecerá como si hubiera sido un mal muy menor: mejor seguir con el diablo conocido que enredar con la emancipación. Contra tal cinismo, uno debería permanecer incondicionalmente fiel a la esencia radical-emancipatoria del levantamiento egipcio.


Pero también es preciso evitar la tentación del narcisismo de la causa perdida: es muy fácil admirar la belleza sublime de los levantamientos condenados al fracaso. La izquierda de hoy se enfrenta al problema de la “negación determinada”: ¿qué nuevo orden deberá sustituir al antiguo después del levantamiento, cuando el sublime entusiasmo del primer momento se haya acabado?
En este contexto, el manifiesto de los indignados (1) españoles, emitido después de las manifestaciones de mayo, es revelador. Lo primero que salta a la vista es el tono deliberadamente apolítico: “Algunos de nosotros nos consideramos progresistas, otros conservadores. Algunos de nosotros somos creyentes, otros no. Algunos de nosotros tenemos ideologías claramente definidas, los demás son apolíticos, pero todos estamos preocupados e indignados por las perspectivas políticas, económicas y sociales que vemos a nuestro alrededor: la corrupción de políticos, empresarios y banqueros, que nos deja indefensos, sin voz.”


Protestan en nombre de las verdades inalienables que deberían regir nuestra sociedad: “el derecho a la vivienda, el empleo, la cultura, la salud, la educación, la participación política, el desarrollo libre y personal y los derechos del consumidor, para una vida sana y feliz.” En su rechazo a la violencia, instan a una “evolución ética”. “En lugar de colocar el dinero por encima de los seres humanos, lo pondremos de nuevo a nuestro servicio. Somos personas, no productos. Yo no soy un producto de lo que compro, de por qué lo compro y a quién se lo compro.”


¿Quiénes serán los agentes de esta revolución? Los indignados descartan a toda la clase política, derecha e izquierda, como corrupta y poseída por el ansia de poder, sin embargo, el manifiesto consiste en una serie de demandas… ¿dirigidas a quién? No a la propia gente: los indignados (todavía) no afirman que nadie más lo hará en su lugar, que ellos mismos tienen que ser el cambio que quieren ver. Y esta es la fatal debilidad de las recientes protestas: expresan una auténtica rabia incapaz de transformarse en un programa positivo de cambio sociopolítico. Expresan el espíritu de revuelta sin revolución.


La situación en Grecia parece más prometedora, probablemente debido a la tradición reciente de autoorganización progresista (que desapareció en España después de la caída del régimen de Franco). Pero también en Grecia el movimiento de protesta muestra los límites de la autoorganización: los manifestantes mantienen un espacio de libertad igualitaria, sin autoridad central que lo regule, un espacio público donde a todos se les asigna el mismo tiempo de intervención, y así sucesivamente. Cuando los manifestantes comenzaron a debatir qué hacer a continuación, cómo ir más allá de la mera protesta, el consenso de la mayoría fue que lo que se necesitaba no era un nuevo partido o un intento directo de tomar el poder estatal, sino un movimiento cuyo objetivo sea ejercer presión sobre los partidos políticos. Esto claramente no es suficiente para imponer una reorganización de la vida social. Para conseguirlo, se necesita un organismo fuerte, capaz de tomar decisiones rápidas y ponerlas en práctica con todo el rigor necesario.


(Fuente: Rebelión. Fuente original: London Review of Books Traducción: S. Seguí).

domingo, 28 de agosto de 2011

Los efectos de fijar un déficit público en la Constitución

La reforma de la Constitución que, sorpresivamente, propuso el Presidente del Gobierno este martes 23 de agosto, en la que se plantea fijar un límite al déficit del Estado presenta varios efectos.

Darle un buen golpe al exiguo Estado de Bienestar de nuestro país. Dada las pocas prestaciones y su baja cuantía, al establecerse un límite al déficit conlleva en épocas de crisis, como la actual, el recorte de prestaciones y, no menos grave, la imposibilidad de incrementar o generar nuevas prestaciones que palíen los efectos de la crisis entre las clases sociales más castigadas por los efectos de dicha crisis.

La sacralización, vía Carta Magna, de una política económica neoliberal. Se santifica de esta manera que la única política económica que puede llevarse a cabo es una, no contemplándose más alternativas a la misma. El fijar un límite al déficit encamina cualquier otra política económica a no superar ese límite, lo que supone una barrera para cualquier alternativa económica que pudiera plantearse.

El papel de los agentes económicos queda supeditado a ese límite del déficit con claros ganadores y claros perdedores. Entre los ganadores figura todo el entramado de instituciones económicas que se denominan nebulosamente como "mercados" y que han cobrado un gran protagonismo en esta época de globalización y financiarización de la economía. Los perdedores son las clases sociales más castigadas por los efectos de la crisis, clase media y fundamentalmente la clase trabajadora, que son las perceptoras de las políticas sociales del Estado de Bienestar.

Dada la hegemonía de la política económica neoliberal, en cuanto a la pragmática de la  política económica se refiere, se obtura cualquier alternativa de política económica a ella. Es impensable plantear en este momento una política económica de demanda para afrontar la grave crisis económica que venimos padeciendo.

La pérdida de soberanía nacional a manos del entramado económico institucional de la globalización económica. La Unión Europea, con sus gravísimos déficits de democracia y representatividad, se construye atendiendo a las necesidades de ese entramado económico, esto es, de las necesidades del capital, frente a las necesidades sociales, esto es, del mundo del trabajo. Ahí están los ejemplos del Banco Central Europeo, el Tratado de Lisboa, el Pacto del Euro y el proyecto fallido de Constitución Europea.

La defunción de la socialdemocracia como proyecto político. Al asumir las tesis de política económica neoliberales su proyecto de redistribución de la renta y de mayores cuotas de derechos y libertades civiles quedan supeditado a las necesidades y deseos de la clase social dominante. Al ser obvio que dicha clase no es su base electoral su política electoral queda atrapada en el engaño, la manipulación y en la gestión del miedo de las clases sociales que fueron sus bases electorales, esto es, la clase trabajadora y las clases medias urbanas.

La gestión que se ha planteado de la reforma constitucional para establecer un límite al déficit público produce un mayor alejamiento de la ciudadanía respecto al Parlamento. Es despotismo. Una reforma de este calado demanda un referendum para dotarla de la legitimidad que proporciona un plebiscito popular. Nuestra sociedad se ha repolitizado desde el 15-M, dotándose de una conciencia crítica que ha estado ausente de nuestra vida política desde hace mucho tiempo, efectuándose demandas políticas que no han tenido ningún tipo de respuesta por parte del Gobierno y ha contado con el único respaldo de la izquierda minoritaria en el Parlamento. Izquierda minoritaria precisamente por la Ley Electoral que padecemos y que es una de las principales demandas de reforma que plantea el 15-M: una Ley Electoral más justa y proporcional.

Los que entendemos, porque estamos convencidos de ello, que otra política, otra sociedad y otro mundo es posible demandamos un referendum sobre la modificación de la Constitución.

Porque somos demócratas

jueves, 25 de agosto de 2011

Crisis y Constitución



¿Se acuerdan de que había que refundar el capitalismo? ¿Se acuerdan de que el prócer de la patronal española, el Sr. Ferrán, manifestaba que había que poner un paréntesis en la economía de mercado? ¿Se acuerdan de que había que poner coto a los paraísos fiscales? ¿Que se hablaba de poner en marcha una suerte de Tasa Tobin a las transacciones bursátiles transnacionales? ¿Aquellas pomposas reuniones del G-20? ¿Aquellos sentimientos de culpa?

Pues de eso, a fecha de hoy, nada de nada.

La Unión Europea y, concretamente, el espacio económico europeo ha demostrado a lo largo de toda la gestión de la crisis su endeblez y el papel del Banco Central Europeo ha quedado muy mal parado por su propia inoperancia para afrontar la crisis de la deuda de los diversos países miembros: ya han caído Grecia, Irlanda y Portugal.

Algunos pensaban que la política económica neoliberal había tocado fondo. Su programa económico ha sido realmente el causante de la crisis: desregulación de la actividad económica, trasvase de rentas del trabajo a las rentas del capital, procesos de privatizaciones del sector público cada vez más raquítico, proceso de globalización, financiarización de la actividad económica, ...

Los neokeynesianos afilaban sus cuchillos: veían el momento de establecer un verdadero debate sobre política económica. Los economistas "radicales", la verdadera izquierda económica, observaba el cumplimiento de sus proposiciones y la posibilidad cierta de dar un giro a la política económica, dando el protagonismo al Estado como el agente económico principal y poner coto a la desregulaciòn económica creciente, plantear una política fiscal justa, equitativa y solidaria, estatalizar sectores de la actividad primordiales, poner coto al "juego de azar de las bolsas", proporcionar el protagonismo a la actividad económica productiva frente a la especulativa, ...

El neoliberalismo había tropezado, pero no caído. No por el momento. Sólo había dado un traspié y estaba tomando aire para volver a la ofensiva. Ya están aquí: los planes de ajuste positivo de las economías quebradas de Grecia, Irlanda y Portugal son la mejor muestra de ello. Las políticas de ajuste del resto de economías de la Unión Europea son otros buenos ejemplos. Se vuelve a incidir en más de lo mismo. No funciona, pero eso da igual. El interés propio, el egoísmo, la avaricia, el beneficio económico a costa de lo que sea son los motores de la economía. La política debe plegarse a ellos, no debe interferir en su libre funcionamiento. Debe asegurar ese funcionamiento.

De ahí, la propuesta de fijar constitucionalmente el límite del déficit público. No se plantea establecer una política fiscal justa, equitativa y solidaria, en la que aporten más los que más tienen, los que más ganan para incrementar los ingresos del Estado y no malbaratar el exiguo Estado de Bienestar; o establecer un sector público potente cuyos beneficios económicos contribuyan a los ingresos de las arcas del Estado y permitan no sólo mantener, si no mejorar e incrementar políticas sociales y de lucha contra el desempleo en estos momentos de grave crisis económica.

De eso nada. Se trata de mantener a toda costa y con garantía constitucional los beneficios de las clases ricas, de las más pudientes a costa de las necesidades reales de los trabajadores y de los desempleados. Es el gobierno de los ricos para los ricos.

Se quieren dar prisa en aprobar la reforma de la Constitución en esta misma legislatura y sin convocar un referéndum. En un apaño entre las fuerzas conservadoras de nuestro Parlamento. Por eso no quieren que votemos. Porque saben que la mayoría de la población no es rica y es difícil que se vote en contra de nuestros intereses.

No hay tiempo para reformar la Ley Electoral, pero sí para fijar un límite al déficit público. No hay tiempo para mejorar la representatividad política en nuestro Parlamento. Es la política de una minoría para otra minoría.

Lo llaman Democracia y no lo es.


miércoles, 6 de julio de 2011

Indignación


(A modo de Brecht).




Hay hombres que se indignan un día
 Y son buenos.
 Hay otros que se indignan un año
 Y son mejores.
 Hay quienes se indignan muchos años
 Y son muy buenos.
 Pero hay los que llevan indignados toda la vida:
 Esos son los imprescindibles.





domingo, 19 de junio de 2011

Democracia participativa

En los últimos tiempos, tal y como recogen los movimienttos "Democracia Real Ya", "15-M" y su movimiento en los barrios y localidades, entre otros, se apunta uno de los problemas de las democracias liberales occidentales: la crisis de la representación institucional a través de las organizaciones políticas.

Las gentes, la ciudadanía, no sienten que sus problemas de la vida cotidiana estén representados en las instituciones de gobierno, democráticamente elegidos, tal y como sucede en una corporación local, en el caso del Ayuntamiento de Las Rozas. De ahí, el malestar y el consiguiente éxito de la Asamblea de Las Rozas, al menos en sus primeras convocatorias.

La demanda efectuada es la democracia participativa, más allá de la democracia representativa.

Se demanda más participación ciudadana en la toma de decisiones. Esta mayor participación provocaría, en última instancia, una mejor gobernanza en el ámbito local y, por tanto, una superación de la crisis de la democracia representativa. Esta superación supone una mayor inclusión de la ciudadanía en la gestión de la cosa pública frente a la distancia, cada vez mayor, de los políticos frente a la ciudadanía representada, sus demandas y sus intereses.

Brevemente, los aspectos de una democracia participativa se pueden resumir en los siguientes aspectos:
  • Puesta en marcha de una lógica reversiva que conduce a desbordes creativos.
  • Organización a través de plataformas de diálogo y de grupos de trabajo sobre materias concretas y específicas.
  • Las comisiones de ciudadanos dan lugar a ideas innovadoras para tratar los problemas.
  • Empoderamiento ciudadano.
  • Las mayores cuotas de auto-gobierno provocan cierta auto-suficiencia local.
  • Planificación "desde abajo".
  • Mandar obedeciendo.
Se trata de un cambio en la cultura democrática, que consiste en una planificación descentralizada, mediante plataformas de diálogo y grupos de trabajo, que da lugar a una cultura ciudadana preocupada en la gestión de la cosa pública, comprometida con los intereses locales y con los públicos, como expresión de los primeros, planificándose las políticas públicas de abajo hacia arriba.

La Asamblea de Las Rozas en sus reuniones muestra la heterogeneidad de sus componentes. Hasta ahora estamos en proceso de constitución. El siguiente paso vendrá dado por la construcción de procesos instituyentes frente a lo instituido, a través de relaciones tensas, dialécticas, pero creativas.

Con este fin se está trabajando.

martes, 14 de junio de 2011

Pleno Municipal de Constitución de la Nueva Corporación

El sábado se celebró el Pleno Municipal de constitución de la Nueva Corporación de Las Rozas.

Ha sido un Pleno muy procedimental: constitución de la Mesa de Edad con el Secretario y el Interventor, como funcionarios del Estado; juramiento o promesa de los y las concejales electos, turno de intervenciones de los candidatos a la alcaldía, votación secreta para elegir al alcalde y clausura del acto por el alcalde electo entre los y las concejales de la Corporación recién constituida.

Comenté que no me apetecía nada asumir la concejalía bajo la fórmula "por imperativo legal". Desgraciadamente se tiene que asumir bajo promesa o juramento el cargo de concejal sobre la Constitución sobrepasada por el paso del tiempo. Además, soy republicano y el modelo de Estado que recoge la Constitución es el de una Monarquía Parlamentaria, heredera del régimen fascista y asesino de Franco, amoldada al entorno de la Europa Occidental.

"Por imperativo legal" es la fórmula que ha hecho famosa la izquierda abertzale y no me gusta que me confundan con esa izquierda con la que no comparto la extorsión, ni la lucha armada, cargada de asesinatos, como armas políticas.

Se lo comenté en cierta ocasión a un compañero de Izquierda Unida de Comunidad de Madrid. Había que prometer el cargo de una manera elegante y que se explicase por sí misma. Me dijo que Fran Pérez, cuando asumió la concejalía de Alcala de Henarés, había empleado una forma que sería de mi agrado.

Me puse en contacto con él para comentárselo y me mandó por correo electrónico su fórmula de asunción del cargo de concejal, advirtiéndome, eso sí, que me atuviese a la bronca que iba a provocar en el Pleno.

La fórmula es la siguiente: "Como ciudadano español, partidario de un modelo de Estado republicano, federal, laico y solidario, por exigencia legal, prometo cumplir y hacer cumplir la Constitución".

Según me llegó el correo, se lo remití a mi compañera del Grupo Municipal, Cristina. Estuvo de acuerdo y acordamos que seria la fórmula que emplearíamos en el Pleno.




Ya me lo habían advertido. Avisado estaba, pero contaba con que el paso del tiempo hubiera provocado más tolerancia, más respeto hacia las expresiones políticas legítimas en un sistema democrático. No ha sido el caso.




Después, se abrió un turno de intervenciones por parte de los distintos candidatos a la alcaldía. Mi intervención la puedes leer en este mismo blog, o en el siguiente vídeo:





Tras las intervenciones, se procedió a la elección del alcalde mediante votación secreta, nombrándonos a cada uno de los concejales. El resultado fue el esperado: 16 votos a favor de la candidatura del Partido Popular, José Ignacio Fernández Rubio; 4 votos a favor del candidato del PSOE, Miguel Angel Ferrero Andrés; 3 votos para el candidato de UPyD, Cristiano Brown Sansevero; y 2 votos para nuestra candidatura.

Se procedió, después, a hacerle entrega del bastón de mando a José Ignacio Fernández Rubio por parte del anterior alcalde, Bonifacio de Santiago.

"Habemus" alcalde, pues.

Tomó la palabra el recién elegido alcalde y se dio por finalizado el Pleno. Antes de abandonar el Salón de Plenos nos hicieron unas fotos de la nueva Corporación Local. Me tocó ponerme en cuclillas, como un delantero de un equipo de fútbol. Ya veremos cómo ha quedado la foto.

Ya en la calle, me sumé a la protesta de la Asamblea de Las Rozas en contra de la corrupción y la elección de un alcalde imputado por un delito de prevaricación en materia de urbanismo cuando era alcalde de la localidad de Guadarrama. Desde las once de la mañana llevaban preparando las pancartas para la manifestación que se celebraría en el transcurso del Pleno Municipal.

En el Salón de Plenos llegaba el sonido de los silbatos y de las cacerolas, muy amortiguado, a lo largo de toda la sesión.


Actitud chulesca, arrogante y provocadora la del nuevo alcalde cuando salió del Salón de Plenos, junto con otras y otros concejales, familiares y miembros del Partido Popular, rodeados por la Policía Local y miembros de la Guardia Civil, frente a los abucheos y otras manifestaciones de los congregados frente al Salón de Plenos. Escoltados fueron hasta la cercana Plaza de España a tomarse un aperitivo en uno de sus bares. Abucheados a la entrada de ese bar lo fueron durante cerca de una hora.



Aproveché para tomarme una cerveza con las compañeras y compañeros en esa misma plaza, comentar el transcurso del Pleno, los incidentes habidos en la toma de las concejalías por mí y por Cristina, y ser increpado por una vecina por dar alas a los manifestantes y aprovechar la circunstancia para decirme que me iba a denunciar, como abogada que es, por mi promesa republicana. Me va a denunciar por ser republicano. "Cosas veredes", amigo Sancho.

En fin, nos fuimos hasta "Why Not" a tomarnos unas cervezas y unos aperitivos para celebrar la constitución del Grupo Municipal. Hacía tiempo que no contábamos con dos concejales en el Ayuntamiento y hemos tenido récord de votos, 3170, en las elecciones municipales del 22 de mayo. Eso había que celebrarlo.

Se sumaron familiares, compañeras y compañeros, amigas y amigos a la celebración que terminamos muy tarde, pero muy contentos y muy felices. Satisfechos con nuestra intervención en el Pleno Municipal.

Comienza la andadura de una nueva legislatura en el Ayuntamiento de Las Rozas que promete ser muy interesante desde el punto de vista político. Ahí estaremos.

Les iremos informando.