El término chav hace referencia a lo que aquí podemos denominar canis, para ellos, y chonis, para ellas. Jóvenes de las periferias urbanas.
Son la imagen de los elementos más vulnerables de la joven clase trabajadora, provenientes del fracaso del sistema educativo que los ha expulsado y del fracaso de la política económica neoliberal a la hora de generar empleo.
La demonización de la clase obrera hace referencia a la imagen estereotipada que nos ofrecen los medios de comunicación de estos jóvenes. Son los Ni-Ni, -ni estudian, ni trabajan-, término que se ha popularizado para dar cuenta de su situación, pero que, intencionadamente, no dice nada de los motivos por los que ni estudian, ni trabajan.
Y no dice nada de esos motivos porque los medios de comunicación son los meros altavoces de la hegemonía del discurso neoliberal. Hablar de los motivos, de las causas, por las que no estudian ni trabajan supondría reconocer el fracaso de las políticas económicas neoliberales y de los graves efectos sociales que produce. Será mejor culpabilizarlos de su situación, no se esfuerzan lo suficiente, y de parodiar su estilo de vida, ya sea su indumentaria, sus gustos musicales, sus barrios, ... Se trata, en definitiva, de eludir cualquier responsabilidad política en cuanto al fracaso del sistema educativo y en cuanto al empleo, tanto en su cantidad como calidad, que generan ese tipo de políticas.
Son los hijos e hijas de los y las trabajadoras de zonas industriales en declive, vía dumping social, por ejemplo en el caso del automóvil, o vía competitividad, en el caso de las minas de carbón. Deberíamos preguntarnos por las alternativas que se les ofrecen a esos jóvenes más allá de la moral victoriana del esfuerzo.
Me agrada mucho, leo con verdadero placer, obras de Sociología escritas por personas que no son profesionalmente sociólogos.
Y es agradable porque se saltan el método y no están pendientes del academicismo de la Teoría Sociológica que encorseta cualquier obra de Sociología, ya sea para bien o para mal.
Así, con desparpajo, yendo de allí para acá, tomando datos y declaraciones de entrevistas que refrendan lo escrito, Owen Jones da cuenta de los efectos de la política neoliberal en Gran Bretaña, desde Margaret Thatcher, pasando por John Major, hasta llegar a David Cameron, por la parte conservadora, o Tony Blair y Gordon Brown, por la parte del Labour, cada vez más escorado a la derecha, asumiendo la ideología hegemónica neoliberal.
Ojo, los canis y las chonis son de los nuestros. Son la clase obrera aquí y ahora. No reconocerlo no es otra cosa más que clasismo.
Este es un blog muy personal. Lo que anotaba en un cuaderno o recortaba de la prensa, ahora lo pongo en Internet porque pesa menos que el cuaderno y ocupa menos espacio en casa. Así que decir que esto es un blog es, quizá, mucho decir. En cualquier caso, si caes por aquí, espero que no te asustes o que no te desagrade mucho. Salud. Por cierto, mis opiniones y comentarios sobre el Ayuntamiento de Las Rozas son absolutamente personales. No son las de mi Asamblea y Grupo Municipal. Que quede claro
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jueves, 29 de agosto de 2013
martes, 30 de abril de 2013
Pacto social ... ¿Pero qué pacto?
No se había oído hasta ahora con tanta nitidez pero ha vuelto el mantra de nuestra Cultura de la Transición, CT, un gran pacto social para afrontar la grave recesión en la que nos encontramos inmersos y que, dada la política económica seguida por el Gobierno, profundiza sus efectos nocivos sobre aquella parte de la sociedad con menos recursos para hacerla frente, la clase trabajadora. Aquella clase que sólo dispone de su fuerza de trabajo para ganarse su sustento.
No se había hablado, casi, hasta el momento de un gran pacto social, de un plan de concertación social, dado el respaldo electoral obtenido por el Partido Popular en las Elecciones Generales con su correlato en una abrumadora mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados.
No era necesario. La legitimidad del Gobierno a la hora de aplicar su política económica para afrontar la crisis y sus graves consecuencias sociales no hacen, hacían, necesario un pacto social.
Un pacto social supone el acuerdo entre capital y trabajo para repartir las graves consecuencias sociales de la crisis. Se presupone un reparto equitativo y, por lo tanto, justo entre ambas partes.
Pero, ¿qué tipo de pacto se puede alcanzar?
Para el beneficio de la clase trabajadora ninguno. Los embates contra el mundo del trabajo se vienen produciendo desde las políticas de ajuste estructural para afrontar la crisis de los 70. Ahí está el ejemplo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña en su versión más depurada que llega hasta nuestros días.
El gran beneficiario de un gran pacto social sería, en primer lugar, el Gobierno y, en segundo lugar, el capital.
El Gobierno, porque sin mover un ápice su política económica de ajuste puro y duro, que no considera los graves efectos sociales de esa política que sigue, -mejor dicho, sí los considera pero en forma de coste de sus políticas de clase, muy asumible hasta el momento, por cierto-, obtendría una legitimidad en el ejercicio de sus tareas de gobierno frente a un creciente descontento popular.
El capital obtendría la legitimidad política de que son beneficiarios de la política económica del Gobierno porque así se habría acordado entre los partidos políticos, los agentes sociales y el Gobierno, que es en definitiva el responsable de la aplicación de la política económica y de las menguantes políticas sociales.
Volvemos al enésimo capítulo de la CT, Cultura de la Transición: no se va a poner en entredicho la política neoliberal de ajuste del Gobierno, aquella que nos ha conducido a esta grave recesión económica y que se plantea, cínica e irónicamente, sacarnos de ella. El dogma económico neoliberal se impone por la fuerza de la fe en sus postulados.
Va a dar legitimidad política a la Reforma Laboral del Gobierno que nos ha conducido a la cifra más elevada de desempleo de nuestra historia, 6.202.700 desempleados, de los que cerca de dos millones no perciben ninguna prestación que palíe su situación, en el escenario del imaginario colectivo de que es mejor tener cualquier tipo de empleo a no tener ninguno.
Va a dar carta de naturaleza a la cifra de la deuda pública, notablemente incrementada por las ayudas públicas a la banca, sin necesidad de una auditoría que dé cuenta de la parte ilegítima de esa deuda.
No se va a discutir el papel maltrecho de la soberanía popular, al actuar al dictado de la Troika, ni el desprecio a la democracia y a la participación ciudadana, que ha obtenido una imagen perfecta en la Iniciativa Legislativa Popular por la Dación en Pago y su tramitación parlamentaria.
Se trata, en suma, de que los efectos de la recesión económica recaigan sobre la espalda de los de siempre, de los trabajadores y trabajadoras.
Debemos recordar, en estos tiempos que corren la prueba es irrefutable, que el capitalismo es un juego de suma cero: lo que gana el capital lo pierde el trabajo. De ahí el fracaso de la socialdemocracia a la hora de afrontar las últimas crisis económicas: no se trata de acordar el reparto del excedente económico en un momento de gran debilidad de la clase trabajadora, como efecto de las políticas desreguladoras del mundo del trabajo, si no de subvertir el orden económico, político y social.
Sólo así saldremos de la recesión económica en la que nos encontramos, poniendo la política económica al servicio de las personas y no poniendo a éstas al servicio de la política económica de clase, que sólo beneficia al capital.
El momento de la regeneración ha pasado. Es el momento de la ruptura democrática para una salida social a la crisis.
No se había hablado, casi, hasta el momento de un gran pacto social, de un plan de concertación social, dado el respaldo electoral obtenido por el Partido Popular en las Elecciones Generales con su correlato en una abrumadora mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados.
No era necesario. La legitimidad del Gobierno a la hora de aplicar su política económica para afrontar la crisis y sus graves consecuencias sociales no hacen, hacían, necesario un pacto social.
Un pacto social supone el acuerdo entre capital y trabajo para repartir las graves consecuencias sociales de la crisis. Se presupone un reparto equitativo y, por lo tanto, justo entre ambas partes.
Pero, ¿qué tipo de pacto se puede alcanzar?
Para el beneficio de la clase trabajadora ninguno. Los embates contra el mundo del trabajo se vienen produciendo desde las políticas de ajuste estructural para afrontar la crisis de los 70. Ahí está el ejemplo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña en su versión más depurada que llega hasta nuestros días.
El gran beneficiario de un gran pacto social sería, en primer lugar, el Gobierno y, en segundo lugar, el capital.
El Gobierno, porque sin mover un ápice su política económica de ajuste puro y duro, que no considera los graves efectos sociales de esa política que sigue, -mejor dicho, sí los considera pero en forma de coste de sus políticas de clase, muy asumible hasta el momento, por cierto-, obtendría una legitimidad en el ejercicio de sus tareas de gobierno frente a un creciente descontento popular.
El capital obtendría la legitimidad política de que son beneficiarios de la política económica del Gobierno porque así se habría acordado entre los partidos políticos, los agentes sociales y el Gobierno, que es en definitiva el responsable de la aplicación de la política económica y de las menguantes políticas sociales.
Volvemos al enésimo capítulo de la CT, Cultura de la Transición: no se va a poner en entredicho la política neoliberal de ajuste del Gobierno, aquella que nos ha conducido a esta grave recesión económica y que se plantea, cínica e irónicamente, sacarnos de ella. El dogma económico neoliberal se impone por la fuerza de la fe en sus postulados.
Va a dar legitimidad política a la Reforma Laboral del Gobierno que nos ha conducido a la cifra más elevada de desempleo de nuestra historia, 6.202.700 desempleados, de los que cerca de dos millones no perciben ninguna prestación que palíe su situación, en el escenario del imaginario colectivo de que es mejor tener cualquier tipo de empleo a no tener ninguno.
Va a dar carta de naturaleza a la cifra de la deuda pública, notablemente incrementada por las ayudas públicas a la banca, sin necesidad de una auditoría que dé cuenta de la parte ilegítima de esa deuda.
No se va a discutir el papel maltrecho de la soberanía popular, al actuar al dictado de la Troika, ni el desprecio a la democracia y a la participación ciudadana, que ha obtenido una imagen perfecta en la Iniciativa Legislativa Popular por la Dación en Pago y su tramitación parlamentaria.
Se trata, en suma, de que los efectos de la recesión económica recaigan sobre la espalda de los de siempre, de los trabajadores y trabajadoras.
Debemos recordar, en estos tiempos que corren la prueba es irrefutable, que el capitalismo es un juego de suma cero: lo que gana el capital lo pierde el trabajo. De ahí el fracaso de la socialdemocracia a la hora de afrontar las últimas crisis económicas: no se trata de acordar el reparto del excedente económico en un momento de gran debilidad de la clase trabajadora, como efecto de las políticas desreguladoras del mundo del trabajo, si no de subvertir el orden económico, político y social.
Sólo así saldremos de la recesión económica en la que nos encontramos, poniendo la política económica al servicio de las personas y no poniendo a éstas al servicio de la política económica de clase, que sólo beneficia al capital.
El momento de la regeneración ha pasado. Es el momento de la ruptura democrática para una salida social a la crisis.
viernes, 12 de abril de 2013
Bye-Bye Thatcher
El lunes la noticia fue el fallecimiento de Margaret Thatcher y también el de un icono de nuestro cine, Sara Montiel. Saritísima para los incondicionales de la belleza de la manchega de Campo de Criptana y nuestra primera pica en La Meca del cine occidental, Hollywood.
Llevar a cabo esta política económica requiere de un fuerte liderazgo, obstinación y determinación, aspectos que sí recoge la película.
Destaco estos aspectos ya que el cierre de minas de carbón, empresas públicas y la reducción de las prestaciones sociales en momentos de grave crisis económica produce de forma insoslayable una fuerte respuesta social.
Si a esto unimos la voluntad férrea de acabar con el poder y la fuerza de los sindicatos como únicos garantes de los derechos de la clase trabajadora y última trinchera de defensa de los intereses de clase frente al neoliberalismo, nos encontramos en un escenario de lucha de clases en la que la clase obrera ha perdido y la muy privilegiada oligarquía económica y política, esta última al servicio de los intereses de la primera, se alza con el triunfo.
Triunfo total frente al sindicalismo, y no un sindicalismo cualquiera si no el de las orgullosas Trade Unions, del sindicalismo que surgió de la Revolución Industrial británica.
La consecuencia ha sido el reinado de lo individual frente a lo colectivo, de los ricos frente a una clase obrera depauperada, del papel del Estado al servicio de los negocios de unos pocos frente a los intereses y demandas de los de abajo. El interés de la élite social como interés nacional.
Y aún estamos ahí, sólo hay que ver las recetas de política económica que se aplican hoy día en la Unión Europea para hacer frente a la actual recesión económica y el proceso de grave e imparable empobrecimiento de la clase trabajadora.
Perdimos una vez, pero no vamos a consentir perder otra. Es la lucha de clases.
Pero la influencia de una y otra en nuestras vidas, más allá de nuestras intenciones y querencias, ha sido notablemente distinta aunque el tiempo puede hacer que la única fuente de información que tengamos de las dos sea el cine. Una por su profesión de actriz, la otra por el biopic cinematográfico que quedará como testimonio de su vida para los más jóvenes y para generaciones venideras, que no coincidieron en el tiempo con ella para conocer de primera mano su legado político.
Pasará como aquellos que dicen no he leído el libro, pero sí he visto la película.
La imagen edulcorada de la Primera Ministra británica, magníficamente interpretada por Meryl Streep, todo sea dicho de paso, puede hacernos pensar en la lucha de una mujer por hacerse un sitio, su propio sitio, en el Partido Conservador y en la política británica hasta conquistar el poder.
Lo que la película no cuenta, mejor dicho sí lo cuenta con imágenes de la época pero de sin darle la importancia que merece, es el rechazo social a las políticas que puso en marcha durante su estancia en el número 10 de Downing Street.
Veamos. Su llegada a la cabeza del poder ejecutivo coincide con el giro de ciento ochenta grados en la política económica, como consecuencia del agotamiento de la política económica keynesiana y la entrada en vigor de las políticas de ajuste positivo como forma de hacer frente a la profunda crisis económica de la década de los setenta.
Desde el otro lado del Atlántico, otro actor, esta vez en el mejor papel de su vida, Ronald Reagan pone en marcha las recetas económicas de los Chicago Boys, encabezados por Milton Friedman, para afrontar los desequilibrios económicos que habían dado lugar a la crisis. Entramos de lleno en la hegemonía del pensamiento económico neoliberal como única forma de gestionar la política económica y de ahí su carácter de dogma ideológico.
Como sabemos, nada de lo que sucede en los Estados Unidos le es ajeno a Gran Bretaña. No tardaron ambos presidentes en conocerse, congeniar y convertirse en la punta de lanza de lo que se ha venido en denominar Revolución Neoconservadora, verdadero giro en la lucha de clases a través de la cual los ricos ponen al Estado a su servicio bajo la idea de que su incremento de riqueza permearía hasta las capas más bajas de la sociedad.
Lo que es bueno para la General Motors es bueno para América.
Llevar a cabo esta política económica requiere de un fuerte liderazgo, obstinación y determinación, aspectos que sí recoge la película.
Destaco estos aspectos ya que el cierre de minas de carbón, empresas públicas y la reducción de las prestaciones sociales en momentos de grave crisis económica produce de forma insoslayable una fuerte respuesta social.
Si a esto unimos la voluntad férrea de acabar con el poder y la fuerza de los sindicatos como únicos garantes de los derechos de la clase trabajadora y última trinchera de defensa de los intereses de clase frente al neoliberalismo, nos encontramos en un escenario de lucha de clases en la que la clase obrera ha perdido y la muy privilegiada oligarquía económica y política, esta última al servicio de los intereses de la primera, se alza con el triunfo.
Triunfo total frente al sindicalismo, y no un sindicalismo cualquiera si no el de las orgullosas Trade Unions, del sindicalismo que surgió de la Revolución Industrial británica.
La consecuencia ha sido el reinado de lo individual frente a lo colectivo, de los ricos frente a una clase obrera depauperada, del papel del Estado al servicio de los negocios de unos pocos frente a los intereses y demandas de los de abajo. El interés de la élite social como interés nacional.
Y aún estamos ahí, sólo hay que ver las recetas de política económica que se aplican hoy día en la Unión Europea para hacer frente a la actual recesión económica y el proceso de grave e imparable empobrecimiento de la clase trabajadora.
Perdimos una vez, pero no vamos a consentir perder otra. Es la lucha de clases.
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| En Glasgow tras conocer la muerte de Thatcher |
miércoles, 13 de junio de 2012
Manifiesto en defensa de las corporaciones locales
Este manifiesto tiene la intención de visualizar la realidad de las administraciones locales después de una reforma laboral y el plan de pago a proveedores.
Los causantes de la crisis, los mercados, los especuladores financieros, las agencias de calificación y los bancos junto con la colaboración del Gobierno del Estado, la Comisión Europea y el Consejo de Europa, han llevado a que España tenga una tasa de desempleo del 24% de la población activa.
El déficit y el paro están sirviendo como excusa para eliminar la base solidaria y reequilibradora de un Estado Social y de Derecho, que representan los Servicios Públicos, con recortes injustos y no basados en principios de eficacia y mejor gestión de los recursos, si no, en una ideología neoliberal que persigue convertir los Servicios Públicos y las necesidades sociales básicas en negocio de unos pocos.
Para ello se inició desde hace tiempo una campaña de difamación con el objetivo de desprestigiar los Servicios Públicos y en concreto al conjunto de los Empleados Públicos, tachándolos de ineficientes, ineficaces y muy costosos. Todo como excusa para externalizar los servicios y dar la gestión de estos a las empresas privadas, convirtiendo los Servicios Públicos en mercancía pura y dura.
Los Ayuntamientos no representan más del 3% del total de la deuda del Estado Español, lo cual no supone el problema del encarecimiento de la financiación de los mercados, ni del supuesto poco eficiente de la prestación de Servicios Públicos.
Hace falta recordar que los Ayuntamientos prestan casi el 30% de los servicios básicos que la ciudadanía necesita y la financiación de la administración local no ha sido resuelta ni afrontada de forma equilibrada y necesaria.
Otra calumnia lanzada, es que existe un elevado número de Empleados Municipales, cuando seguimos muy por debajo de la media de la Unión Europea.
La reforma laboral facilita expedientes de regulación de empleo extintivos en las corporaciones locales, sin la posibilidad de ajustes de suspensión o regulación temporal de los Empleados Públicos.
La falta de cumplimiento de los acuerdos colectivos hace que en un gran número de Ayuntamientos de España aumente la precariedad, se debilite el empleo y se faciliten los despidos objetivos.
Los Planes de Ajuste elaborados dentro del plan de pago a proveedores, al que ha obligado el Gobierno a los municipios, están siendo utilizados por numerosos Alcaldes, junto con la reforma laboral, para saltarse los Convenios Colectivos y la Negociación Colectiva, ejecutando unilateralmente modificaciones de condiciones de trabajo, reducciones de plantilla y ampliación de horarios sin mediar negociación alguna.
En estos últimos meses, nos estamos enfrentando, en que existe un número cada vez más elevado de Ayuntamientos en situaciones inadmisibles, como el impago de salarios, despidos colectivos de personal fijo, despidos de personal interino con años de trabajo y amortización de sus plazas, ampliaciones de jornadas, reducción de salarios, modificaciones de horarios, ...
La necesidad de pagar a las empresas, contratistas, es compartido por los sindicatos, dado que además dichos impagos implican más destrucción de empleo y la precariedad de los trabajadores y trabajadoras de dichas empresas prestadoras de servicios públicos. Pero esto no debe servir de excusa para la eliminación de los Servicios Públicos y la precarización del conjunto de los Empleados Públicos.
Una falta de rigor técnico le ha servido al Gobierno como justificación para eliminar y cerrar numerosos servicios e instalaciones públicas, cuando lo cierto, de forma generalizada, es que los Ayuntamientos han sido los prestadores de Servicios Públicos donde ninguna otra administración llegaba, complementando y mejorando los prestados por otras.
En los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid estamos asistiendo en el último año a despidos colectivos en Parla, Collado Villalba, Galapagar, Fuente del Saz, San Martín de la Vega, Navalcarnero, entre otros. A recortes salariales y de condiciones laborales sin negociación en: Madrid, Rivas Vaciamadrid, Campo Real. Y a "decretazos" de Convenios Colectivos sin agotar los plazos de negociación y con recortes de las condiciones laborales como en Alcalá de Henares.
Avisados estamos. La Reforma Laboral habla de precariedad y en ningún momento habla de empleo.
Por todo lo expuesto, desde Comisiones Obreras responderemos con contundencia y con inteligencia. Sabemos que la lucha será larga y desigual. Hemos de actuar con pedagogía, explicando las medidas, utilizando la palabra, esperando el acompañamiento de los ciudadanos y que la resignación social de paso a la dignidad y a la lucha. A esta pedagogía estamos obligados todos, la palabra debe usarse como arma, es el momento de emplear la apología del Diálogo Social, la sociedad tiene que conocer lo que realmente supone esta reforma.
Para ello hemos convocado una jornada de movilización en el conjunto de la Administración Local del Estado Español para:
Los causantes de la crisis, los mercados, los especuladores financieros, las agencias de calificación y los bancos junto con la colaboración del Gobierno del Estado, la Comisión Europea y el Consejo de Europa, han llevado a que España tenga una tasa de desempleo del 24% de la población activa.
El déficit y el paro están sirviendo como excusa para eliminar la base solidaria y reequilibradora de un Estado Social y de Derecho, que representan los Servicios Públicos, con recortes injustos y no basados en principios de eficacia y mejor gestión de los recursos, si no, en una ideología neoliberal que persigue convertir los Servicios Públicos y las necesidades sociales básicas en negocio de unos pocos.
Para ello se inició desde hace tiempo una campaña de difamación con el objetivo de desprestigiar los Servicios Públicos y en concreto al conjunto de los Empleados Públicos, tachándolos de ineficientes, ineficaces y muy costosos. Todo como excusa para externalizar los servicios y dar la gestión de estos a las empresas privadas, convirtiendo los Servicios Públicos en mercancía pura y dura.
Los Ayuntamientos no representan más del 3% del total de la deuda del Estado Español, lo cual no supone el problema del encarecimiento de la financiación de los mercados, ni del supuesto poco eficiente de la prestación de Servicios Públicos.
Hace falta recordar que los Ayuntamientos prestan casi el 30% de los servicios básicos que la ciudadanía necesita y la financiación de la administración local no ha sido resuelta ni afrontada de forma equilibrada y necesaria.
Otra calumnia lanzada, es que existe un elevado número de Empleados Municipales, cuando seguimos muy por debajo de la media de la Unión Europea.
La reforma laboral facilita expedientes de regulación de empleo extintivos en las corporaciones locales, sin la posibilidad de ajustes de suspensión o regulación temporal de los Empleados Públicos.
La falta de cumplimiento de los acuerdos colectivos hace que en un gran número de Ayuntamientos de España aumente la precariedad, se debilite el empleo y se faciliten los despidos objetivos.
Los Planes de Ajuste elaborados dentro del plan de pago a proveedores, al que ha obligado el Gobierno a los municipios, están siendo utilizados por numerosos Alcaldes, junto con la reforma laboral, para saltarse los Convenios Colectivos y la Negociación Colectiva, ejecutando unilateralmente modificaciones de condiciones de trabajo, reducciones de plantilla y ampliación de horarios sin mediar negociación alguna.
En estos últimos meses, nos estamos enfrentando, en que existe un número cada vez más elevado de Ayuntamientos en situaciones inadmisibles, como el impago de salarios, despidos colectivos de personal fijo, despidos de personal interino con años de trabajo y amortización de sus plazas, ampliaciones de jornadas, reducción de salarios, modificaciones de horarios, ...
| Ayuntamiento de Las Rozas |
La necesidad de pagar a las empresas, contratistas, es compartido por los sindicatos, dado que además dichos impagos implican más destrucción de empleo y la precariedad de los trabajadores y trabajadoras de dichas empresas prestadoras de servicios públicos. Pero esto no debe servir de excusa para la eliminación de los Servicios Públicos y la precarización del conjunto de los Empleados Públicos.
Una falta de rigor técnico le ha servido al Gobierno como justificación para eliminar y cerrar numerosos servicios e instalaciones públicas, cuando lo cierto, de forma generalizada, es que los Ayuntamientos han sido los prestadores de Servicios Públicos donde ninguna otra administración llegaba, complementando y mejorando los prestados por otras.
En los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid estamos asistiendo en el último año a despidos colectivos en Parla, Collado Villalba, Galapagar, Fuente del Saz, San Martín de la Vega, Navalcarnero, entre otros. A recortes salariales y de condiciones laborales sin negociación en: Madrid, Rivas Vaciamadrid, Campo Real. Y a "decretazos" de Convenios Colectivos sin agotar los plazos de negociación y con recortes de las condiciones laborales como en Alcalá de Henares.
Avisados estamos. La Reforma Laboral habla de precariedad y en ningún momento habla de empleo.
Por todo lo expuesto, desde Comisiones Obreras responderemos con contundencia y con inteligencia. Sabemos que la lucha será larga y desigual. Hemos de actuar con pedagogía, explicando las medidas, utilizando la palabra, esperando el acompañamiento de los ciudadanos y que la resignación social de paso a la dignidad y a la lucha. A esta pedagogía estamos obligados todos, la palabra debe usarse como arma, es el momento de emplear la apología del Diálogo Social, la sociedad tiene que conocer lo que realmente supone esta reforma.
Para ello hemos convocado una jornada de movilización en el conjunto de la Administración Local del Estado Español para:
- Defender los Servicios Municipales y Provinciales.
- Dignificarnos como Empleados Públicos.
- Denunciar los despidos e impagos.
- Defender la Negociación Colectiva y los Convenios y Acuerdos.
- Y luchar contra la Reforma Laboral y los recortes sociales.
Ahora es el momento de las movilizaciones, mañana será tarde.
Defendamos nuestros Servicios Públicos.
(Manifiesto de la Federación de Servicios a la Ciudadanía, Administración Local de Comisiones Obreras de Madrid).
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viernes, 9 de diciembre de 2011
Seis piezas para reconstruir la Izquierda
Artículo de Juan Torres López. Consejo científico de ATTAC.
El contexto actual –crisis económica y social de gran envergadura– debería ser, objetiva y electoralmente, favorable a las izquierdas. Sin embargo, no lo es. En particular en España, donde las encuestas prevén una victoria de las derechas en las elecciones generales del 20 de noviembre. ¿Cómo se explica que el mayor descalabro en un siglo de las tesis económicas conservadoras coincida con el fracaso de la izquierda ? ¿Qué debe hacer ésta para reconstruirse?
El periodo de perturbaciones financieras y sociales que estamos viviendo revela muchas carencias y frustraciones. Puede decirse, como los propios dirigentes conservadores lo reconocen, que el sistema capitalista está registrando una falla de extraordinaria intensidad. Podría hablarse incluso de fracaso histórico. Treinta y cinco mil muertes diarias por hambre y un sistema financiero internacional al borde de la quiebra generalizada serían suficientes argumentos para mantener esa afirmación.
Pero, al mismo tiempo, es imposible dejar de reconocer que se ha producido un fracaso paralelo de las organizaciones de la izquierda tradicional y de los movimientos alternativos a la hora de impedir que esa crisis del sistema se haya resuelto con un avance sustancial hacia la superación del capitalismo y hacia el mayor empoderamiento (empowerment) de las clases trabajadoras y, en general, de la población que sufre.
Es cierto que este fracaso tiene su origen en una contundente ofensiva previa de las fuerzas del capital que no dudaron en acabar con la vida de miles de personas con tal de soslayar cualquier atisbo de cambio social que perjudicara a los grandes poderes financieros, económico y mediáticos. Y que la derrota de las fuerzas de izquierda es debida, en gran parte, a las formas muy antidemocráticas que ha venido utilizando el capitalismo neoliberal de nuestra época.
Y es verdad también que el fracaso no ha sido total, si se tiene en cuenta que la forma en que se resuelve la crisis está levantando una oleada planetaria de indignación, una rebeldía que se hace notar cada vez con más fuerza que quizá sea el origen de un nuevo espacio de lucha social y de sujetos políticos de nuevo tipo, con más capacidad de impulsar cambios, como lo está siendo en España el Movimiento 15-M.
Pero, en todo caso, es evidente que éstos últimos se encuentran todavía en fase muy embrionaria y que, de momento, no son capaces de generar la fuerza necesaria ni para frenar la ofensiva del capitalismo neoliberal, ni para constituir una alternativa deseada, creíble a la que los poderes dominantes le tengan temor.
Por eso, está injustificado continuar actuando desde las filas de las izquierdas como si nada hubiera pasado, ajenos a la impotencia efectiva que padece la izquierda a la hora de proponer alternativas, de hacerlas atractivas para las mayorías sociales y de frenar los continuos ataques al bienestar, a la democracia y a la libertad que se vienen produciendo.
Este fracaso de las izquierdas no tiene que ver sólo con circunstancias coyunturales. Es la culminación de una serie de deficiencias y limitaciones históricas muy graves en el discurso y en la práctica que las diferentes sensibilidades de la izquierda vienen realizando.
Estas limitaciones podrían resumirse en un efecto principal : la incapacidad para influir en las condiciones que generan hegemonía y consenso social. Y eso por varias razones.
En primer lugar : los discursos de la izquierdas siguen basándose en categorías intelectuales y formales que ya no entroncan con los códigos con los que la sociedad percibe los fenómenos sociales. Puede ser cierto que eso responde a un empobrecimiento de los modos de analizar el mundo y a una banalización de los códigos de percepción y socialización, pero la realidad es que la terminología, los tonos, las formas y los iconos de las izquierdas más o menos convencionales no encajan hoy con el lenguaje dominante en nuestras sociedades. La prueba de ello es que, al mismo tiempo que las organizaciones más tradicionales apegadas a este tipo de discurso se hacen cada vez más ajenas a la población, otras de carácter más abierto, de expresión más plural y lenguaje menos nominalizado –como pueden ser ATTAC u otras asociaciones y movimientos de este tipo, como la reciente Democracia Real Ya, en el seno del 15-M–, son capaces de desplegar mucha más influencia y capacidad de convencimiento e incluso movilización social.
Aunque pudiera ser cierto que este fenómeno sea el resultado de los ataques injustos, de la demonización por parte de los grandes poderes mediáticos, lo cierto es que la vieja iconografía de las banderas, de las hoces y martillos o de los discursos de las grandes categorías de la mecánica social del siglo XIX ya no permiten que haya entendimiento y empatía entre las izquierdas que se amparan en ellos y las gentes normales y corrientes a las que se apela.
En particular, las izquierdas tradicionales parecen seguir empeñadas en entender que los cambios sociales se producen a través de la acción de sujetos colectivos impersonales (la “clase obrera”, el “proletariado”), sin percatarse de que si bien las clases siguen siendo cada vez más nítidas y reales, lo cierto es que los cambios no los realizan las categorías sociológicas sino las personas.
En segundo lugar : a las izquierdas les falta humanidad, en el sentido más lato del término : hablarle a los ojos a los seres humanos, rozarse con ellos (como, por cierto, pasaba en los primeros hitos de los movimientos obreros organizados), gozar y sufrir con ellos, en lugar de hablarles para llamarles a la acción desde la (falsa) seguridad de que conocen sus destinos y la forma en que pueden conquistarse. Es decir, haciéndose cómplices y no dándoles órdenes.
Casi todas las izquierdas están ancladas además en discursos maximalistas que la inmensa mayoría de la gente considera hoy día completamente extemporáneos, como consecuencia de esa especie de disociación cognitiva entre sus respectivas formas de ver la naturaleza de los asuntos sociales e incluso en las de expresarlos verbalmente.
En tercer lugar, las izquierdas vienen mostrándose incapaces de gobernar la diversidad, incluso su propia diversidad interna. Sigue estando asociada a depuraciones, batallas cainitas, divisiones, secesiones y a todo tipo de rupturas. No por casualidad sino como fruto de lo que acabo de señalar. Cada sensibilidad de izquierdas se presume dueña de las claves que permiten interpretar lo que ocurre en el mundo y solucionarlo. La socialdemocracia es “traidora” para quienes están a su izquierda, pero la izquierda comunista tradicional es “reformista” para la que se cree más anticapitalista, y ésta última perfectamente asociable a la anterior para los anarquistas o autonomistas, y así sucesivamente. Una patología que, a su vez, se reproduce en el seno de cada una como puede percibir cualquier observador, incluso lejano, de lo que ocurre en la izquierda.
Eso se traduce no sólo en una falta de afecto de la sociedad hacia quien así se comporta, sino también en una desunión visceral. Lo cual impide que las respuestas frente a las agresiones del capital sean eficaces.
Se trata de una herencia pesada que sigue haciendo que la izquierda se deje llevar por el mecanicismo que se transmuta en totalitarismo cuando se desenvuelve entre algo que tenga que ver con el reparto del poder (por muy insignificante que este sea). No sólo en el nivel operativo o de la acción sino en el de acuerdo sobre cuestiones básicas que es increíble que aún no estén resueltas de común acuerdo : el papel de la presencia en las instituciones, del trabajo sindical, etc.
En cuarto lugar, la izquierda paga muy caro también su incapacidad para “adelantar” a la sociedad lo que le ofrece, para anticiparle de alguna forma el tipo de mundo que desea alcanzar. Salvo casos muy excepcionales, y precisamente por ello muy valiosos, y sobre todo en procesos dirigidos por experiencias de participación popular más que por la izquierda tradicional, apenas tenemos entre nosotros experiencias de nuevas formas de organización económica, financiera, social, urbana… salvo casos, repito, muy singulares y excepcionales. Algo muy diferente a lo que ocurría en los primeros pasos de los movimientos obreros organizados cuando se creaban cooperativas, vínculos de solidaridad personal y social muy visibles, y experiencias de vida en común que permitían que los trabajadores comprobasen que valía la pena optar por otro modo de vivir y de actuar.
Todo lo anterior no puede ser ajeno al desprecio de las actividades formativas, a la escasa relevancia que se da a la consistencia intelectual de la militancia de izquierdas. Es tan significativo como lamentable que no existan experiencias de escuelas, de seminarios conjuntos, de medios de comunicación compartidos, de revistas…. de izquierdas. La cuestión estriba, pues, en reflexionar sobre si se pueden superar estas deficiencias.
No va a ser tarea fácil porque se implican muchas dimensiones del problema y a muchos sujetos y organizaciones, pero se trata de un reto al que están abocadas las diferentes corrientes y sensibilidades de la izquierda si no quieren ir desapareciendo y quedar definitivamente convertidas en resquicios de épocas pasadas.
El primer requisito es asumir que esta tarea requiere un esfuerzo gigantesco y sincero de convergencia. Es imprescindible unir fuerzas y llevar a cabo un acercamiento de análisis de la situación y de propuestas. Hay que superar la fragmentación, el ensimismamiento y el conformismo con ocupar una trinchera propia inexpugnable en torno a principios abstractos y cada vez más vacíos de contenido.
El segundo requisito : poner en primer plano la movilización social más amplia posible. El dominio del capitalismo neoliberal tiene el inconveniente de que es extraordinariamente agresivo pero la ventaja, desde el punto de vista de hacerle frente, es que afecta a clases y capas sociales muy amplias, muchas de ellas ajenas a los espacios a los que tradicionalmente se ha asociado la izquierda.
Dirigirse solamente a las personas de izquierda, apelar exclusivamente a la unión de las izquierdas, puede ser un prerrequisito pero no un objetivo final porque esto sería limitarse a querer movilizar a un porcentaje ya casi ínfimo de la sociedad. Se trata, por el contrario, de actuar como catalizadores de la respuesta social más amplia posible, de todos y todas “los de abajo”. Teniendo en cuenta que las agresiones del neoliberalismo se producen no sólo a las clases trabajadoras sino a pequeños y medianos empresarios, a autónomos o profesionales, a las clases pasivas, o a los jóvenes y a los jubilados, a las mujeres, sin distinción de ideologías e incluso de posición social.
Es preciso pues que las izquierdas recobren su capacidad de interlocución con la sociedad y que no se dediquen a hablar con ellas mismas, que recuperen el sentido humano de la vida política, que humanicen sus discursos vaciándolos de categorías nominalistas para llenarlos de fraternidad, de sentimientos y de cercanía a la gente que no necesariamente comparte –ni va a compartir jamás con ella– los códigos de pensamiento y lenguaje.
La izquierda, además, debe ser consciente de que es imposible llevar a cabo los cambios sociales sólo con sus propios partidarios o fieles, o jugando el partido “en casa”. Se debe hacer con los mimbres que hay en cada momento, con la oposición de buena parte de la sociedad a la que no se puede hacer desparecer y caminando constantemente contra la corriente. Percibir que se actúa en un mundo complejo, y aprender a actuar en estas condiciones es la gran tarea pendiente de las izquierdas y sin lo cual es imposible que puedan salir adelante sus propuestas de cambio.
Si la izquierda avanza en estas líneas de convergencia y empatía con la sociedad podrá abordar otros pasos de los que depende la quiebra del sistema de dominio en el que estamos : rompiendo su legitimación, haciendo saltar los consensos básicos del neoliberalismo, mostrando que sus instituciones no funcionan y presentando a la sociedad nuevas alternativas.
Los movimientos de “indignados” y el 15-M, demuestran que son muchas las personas dispuestas a afrontar el reto de pensar y hablar de otro modo a la sociedad para desvelar y combatir las injusticias y la explotación. Lo harán con o sin las izquierdas tradicionales. Así que a éstas más les vale ponerse al día, quitarse los viejos ropajes y meterse, con inteligencia y humildad, en los nuevos espacios de la política contemporánea.
(Vía ATTAC España).
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viernes, 28 de octubre de 2011
Emprendedores: un mantra
Atendiendo a los discursos que están produciendo y reproduciendo estos días por el PPSOE y otras organizaciones políticas de la derecha nacionalista en lo que se ha venido en llamar la pre-campaña, llama poderosamente la aparición de la figura del emprendedor.
El emprendedor, dicho groseramente pero gráficamente para entenderos sin más ambages, es el trabajador autónomo que prospera en la marcha de su negocio y puede llegar a convertirse en un pequeño o mediano empresario, lo que confirmaría el éxito de su aventura empresarial.
El emprendedor, repetido hasta la saciedad y hasta llegar a perder el sentido el término y el concepto, es la propuesta estrella en la solución a la crisis galopante del empleo. Sin ir más lejos los datos que se han dado a conocer hoy mismo de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre del año arrojan la cifra de cerca de cinco millones, 4.978.350, de desempleadas y desempleados, que suponen el 21,5 por ciento de la población activa.
Gary Becker, premio Nobel de Economía, y uno de los ideólogos del pensamiento económico neoliberal, acuña el concepto de capital humano. Según esta idea, si deseamos obtener un empleo mejor, más satisfactorio, la responsabilidad es nuestra ya que debemos invertir en nuestra formación. La obtención de un empleo de esas características es función de la inversión de cada uno en su formación. Así, somos todos capitalistas de nosotros mismo, debemos invertir en capital humano.
El desempleo, pues, responde a la falta o inadecuada inversión en formación y a no atender las necesidades y demanda de las empresas en cuanto a la cualificación de la fuerza de trabajo.
El caso es que se eliminan u oscurecen todas las cuestiones sociales y políticas que tienen que ver con la educación y la formación en nuestras sociedades, como si hubiera una suerte de igualdad de oportunidades en este campo. El concepto de capital humano es pura ideología y propaganda.
Si la empresa, no la única pero sí para la ideología neoliberal, es la institución económica que puede generar empleo y esta es incapaz de hacerlo la solución viene dada por convertirnos a todos en empresarios, cuanto menos potenciales. Se trata de ampliar el campo de acción de la ideología neoliberal.
Lo que no se dice es que las relaciones entre empresarios vienen reguladas por el Derecho Mercantil, en el que se establece la igualdad entre las partes, frente al carácter tuitivo del Derecho del Trabajo que, dado ese carácter, parte de la relación desigual entre empresario y trabajador proporcionándole a este último más garantías frente al poder de dirección del empresario, que no es omnímodo.
(En este sentido, otro día hablaré de cómo es que nos manifestamos reclamando más democracia y más participación en la actividad política y como estas cuestiones se quedan en la puerta todos los días una vez entramos a trabajar. ¿Por qué sí más democracia política pero no democracia económica?).
El emprendedor es pues la solución a la crisis de empleo y a la crisis de las políticas de empleo puestas en marcha hasta la fecha, marcadas a fuego por la ideología económica neoliberal, centradas en la esfera de la empresa, -subvenciones a la contratación vía cotizaciones a la Seguridad Social, ayudas al inicio de la actividad, subvenciones fiscales, ayudas a la instalación de empresas en determinados territorios, ... -, frente a los recortes progresivos que sufren los derechos de los trabajadores y trabajadoras, -cuantía del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), cuantía y tiempo de percepción de las prestaciones por desempleo, bajadas salariales, expedientes de regulación de empleo, desregulación progresiva de las relaciones laborales, desarticulación de la negociación colectiva, ...
Todo ello con escaso éxito en la creación de empleo de calidad, en cuanto a las condiciones de trabajo, y estable, en cuanto a la permanencia en el puesto de trabajo. Ni siquiera en momentos de crecimiento económico. El caso es que esto es lo de menos, el efecto es la transferencia de renta del Estado a los empresarios frente a los recortes y reconsideraciones sobre las políticas activas y pasivas de empleo.
Este programa neoliberal de empleo, centrado en esta ocasión en la figura del emprendedor ¿No suena como excusa para continuar con la transferencia de renta, y por tanto de riqueza, de una clase social en detrimento de otra?
El emprendedor, dicho groseramente pero gráficamente para entenderos sin más ambages, es el trabajador autónomo que prospera en la marcha de su negocio y puede llegar a convertirse en un pequeño o mediano empresario, lo que confirmaría el éxito de su aventura empresarial.
El emprendedor, repetido hasta la saciedad y hasta llegar a perder el sentido el término y el concepto, es la propuesta estrella en la solución a la crisis galopante del empleo. Sin ir más lejos los datos que se han dado a conocer hoy mismo de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre del año arrojan la cifra de cerca de cinco millones, 4.978.350, de desempleadas y desempleados, que suponen el 21,5 por ciento de la población activa.
Gary Becker, premio Nobel de Economía, y uno de los ideólogos del pensamiento económico neoliberal, acuña el concepto de capital humano. Según esta idea, si deseamos obtener un empleo mejor, más satisfactorio, la responsabilidad es nuestra ya que debemos invertir en nuestra formación. La obtención de un empleo de esas características es función de la inversión de cada uno en su formación. Así, somos todos capitalistas de nosotros mismo, debemos invertir en capital humano.
El desempleo, pues, responde a la falta o inadecuada inversión en formación y a no atender las necesidades y demanda de las empresas en cuanto a la cualificación de la fuerza de trabajo.
El caso es que se eliminan u oscurecen todas las cuestiones sociales y políticas que tienen que ver con la educación y la formación en nuestras sociedades, como si hubiera una suerte de igualdad de oportunidades en este campo. El concepto de capital humano es pura ideología y propaganda.
Si la empresa, no la única pero sí para la ideología neoliberal, es la institución económica que puede generar empleo y esta es incapaz de hacerlo la solución viene dada por convertirnos a todos en empresarios, cuanto menos potenciales. Se trata de ampliar el campo de acción de la ideología neoliberal.
Lo que no se dice es que las relaciones entre empresarios vienen reguladas por el Derecho Mercantil, en el que se establece la igualdad entre las partes, frente al carácter tuitivo del Derecho del Trabajo que, dado ese carácter, parte de la relación desigual entre empresario y trabajador proporcionándole a este último más garantías frente al poder de dirección del empresario, que no es omnímodo.
(En este sentido, otro día hablaré de cómo es que nos manifestamos reclamando más democracia y más participación en la actividad política y como estas cuestiones se quedan en la puerta todos los días una vez entramos a trabajar. ¿Por qué sí más democracia política pero no democracia económica?).
El emprendedor es pues la solución a la crisis de empleo y a la crisis de las políticas de empleo puestas en marcha hasta la fecha, marcadas a fuego por la ideología económica neoliberal, centradas en la esfera de la empresa, -subvenciones a la contratación vía cotizaciones a la Seguridad Social, ayudas al inicio de la actividad, subvenciones fiscales, ayudas a la instalación de empresas en determinados territorios, ... -, frente a los recortes progresivos que sufren los derechos de los trabajadores y trabajadoras, -cuantía del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), cuantía y tiempo de percepción de las prestaciones por desempleo, bajadas salariales, expedientes de regulación de empleo, desregulación progresiva de las relaciones laborales, desarticulación de la negociación colectiva, ...
Todo ello con escaso éxito en la creación de empleo de calidad, en cuanto a las condiciones de trabajo, y estable, en cuanto a la permanencia en el puesto de trabajo. Ni siquiera en momentos de crecimiento económico. El caso es que esto es lo de menos, el efecto es la transferencia de renta del Estado a los empresarios frente a los recortes y reconsideraciones sobre las políticas activas y pasivas de empleo.
Este programa neoliberal de empleo, centrado en esta ocasión en la figura del emprendedor ¿No suena como excusa para continuar con la transferencia de renta, y por tanto de riqueza, de una clase social en detrimento de otra?
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