viernes, 12 de abril de 2013

Bye-Bye Thatcher

El lunes la noticia fue el fallecimiento de Margaret Thatcher y también el de un icono de nuestro cine, Sara Montiel. Saritísima para los incondicionales de la belleza de la manchega de Campo de Criptana y nuestra primera pica en La Meca del cine occidental, Hollywood.

Pero la influencia de una y otra en nuestras vidas, más allá de nuestras intenciones y querencias, ha sido notablemente distinta aunque el tiempo puede hacer que la única fuente de información que tengamos de las dos sea el cine. Una por su profesión de actriz, la otra por el biopic cinematográfico que quedará como testimonio de su vida para los más jóvenes y para generaciones venideras, que no coincidieron en el tiempo con ella para conocer de primera mano su legado político.


Pasará como aquellos que dicen no he leído el libro, pero sí he visto la película.

La imagen edulcorada de la Primera Ministra británica, magníficamente interpretada por Meryl Streep, todo sea dicho de paso, puede hacernos pensar en la lucha de una mujer por hacerse un sitio, su propio sitio, en el Partido Conservador y en la política británica hasta conquistar el poder.

Lo que la película no cuenta, mejor dicho sí lo cuenta con imágenes de la época pero de sin darle la importancia que merece, es el rechazo social a las políticas que puso en marcha durante su estancia en el número 10 de Downing Street.

Veamos. Su llegada a la cabeza del poder ejecutivo coincide con el giro de ciento ochenta grados en la política económica, como consecuencia del agotamiento de la política económica keynesiana y la entrada en vigor de las políticas de ajuste positivo como forma de hacer frente a la profunda crisis económica de la década de los setenta.

Desde el otro lado del Atlántico, otro actor, esta vez en el mejor papel de su vida, Ronald Reagan pone en marcha las recetas económicas de los Chicago Boys, encabezados por Milton Friedman, para afrontar los desequilibrios económicos que habían dado lugar a la crisis. Entramos de lleno en la hegemonía del pensamiento económico neoliberal como única forma de gestionar la política económica y de ahí su carácter de dogma ideológico.

Como sabemos, nada de lo que sucede en los Estados Unidos le es ajeno a Gran Bretaña. No tardaron ambos presidentes en conocerse, congeniar y convertirse en la punta de lanza de lo que se ha venido en denominar Revolución Neoconservadora, verdadero giro en la lucha de clases a través de la cual los ricos ponen al Estado a su servicio bajo la idea de que su incremento de riqueza permearía hasta las capas más bajas de la sociedad.

Lo que es bueno para la General Motors es bueno para América.


Llevar a cabo esta política económica requiere de un fuerte liderazgo, obstinación y determinación, aspectos que sí recoge la película.

Destaco estos aspectos ya que el cierre de minas de carbón, empresas públicas y la reducción de las prestaciones sociales en momentos de grave crisis económica produce de forma insoslayable una fuerte respuesta social.

Si a esto unimos la voluntad férrea de acabar con el poder y la fuerza de los sindicatos como únicos garantes de los derechos de la clase trabajadora y última trinchera de defensa de los intereses de clase frente al neoliberalismo, nos encontramos en un escenario de lucha de clases en la que la clase obrera ha perdido y la muy privilegiada oligarquía económica y política, esta última al servicio de los intereses de la primera, se alza con el triunfo.

Triunfo total frente al sindicalismo, y no un sindicalismo cualquiera si no el de las orgullosas Trade Unions, del sindicalismo que surgió de la Revolución Industrial británica.


La consecuencia ha sido el reinado de lo individual frente a lo colectivo, de los ricos frente a una clase obrera depauperada, del papel del Estado al servicio de los negocios de unos pocos frente a los intereses y demandas de los de abajo. El interés de la élite social como interés nacional.

Y aún estamos ahí, sólo hay que ver las recetas de política económica que se aplican hoy día en la Unión Europea para hacer frente a la actual recesión económica y el proceso de grave e imparable empobrecimiento de la clase trabajadora.

Perdimos una vez, pero no vamos a consentir perder otra. Es la lucha de clases.

En Glasgow tras conocer la muerte de Thatcher