domingo, 9 de diciembre de 2012

Dinero, dinero, dinero ... "El Capital" de Costa-Gavras

Hoy he ido a ver El Capital la última película de Costa-Gavras, un director que siempre habla de política en sus películas y que lo hace muy interesante. Con el título de esta no iba a ser una excepción.

La película trata del motor del mundo, por lo menos para algunos, los poderosos: el dinero. Amasar en sus manos cantidades ingentes de dinero a costa de lo que sea.

Utilizando el escenario de un banco transnacional francés (?), -el interrogante sobre su nacionalidad no es gratuito: un grupo de fondos de riesgo norteamericano, hedge funds, determina la táctica bancaria-, nos sumergimos en la tramoya de la banca internacional.

Una banca cuya actividad está sobredeterminada por la generación de valor para el accionista, donde generación de valor quiere decir proporcionar más dinero y accionista quiere decir, grandes accionistas.

La película arranca con el nombramiento de un nuevo director para el Fenix Bank. La consiguiente discusión entre algunos miembros del Consejo de Administración sobre su remuneración, -si no gano 2.400.000 euros al año no me respetarán-, lo cual nos proporciona una idea del valor del dinero: no sólo es un medio para la compra de bienes y servicios, si no la fuente del prestigio social.

Las líneas del nuevo presidente son: volcar todos los activos tóxicos del banco en bolsa, reducir el acceso al crédito a las pequeñas y medianas empresas en un 30%, y establecer una banca ética, eliminando las inversiones en armamento, productos químicos contaminantes, etc.

Continua con la necesidad, planteada por el fondo de alto riesgo norteamericano, de generar más beneficios e incrementar la remuneración del nuevo presidente, para lo cual este genera un Plan Social: una encuesta sobre clima laboral entre todos los empleados, que no es más que, como es de suponer, una cortina de humo para encubrir un ajuste de personal, esto es, 10.000 despidos.


Ni que decir tiene que las acciones del banco se disparan en bolsa. Así es el Capital que sólo atiende a sus propias necesidades  que son ajenas a cualquier necesidad de la sociedad si no contempla el beneficio económico.

A continuación, se le plantea por el mismo fondo de riesgo la compra de un banco japonés, próximo a la bancarrota. El presidente percibe como la compra traerá consigo la pérdida de valor del Fenix en bolsa y la posibilidad de que ese fondo, aprovechando el precio de las acciones a la baja, pueda adquirirlo a bajo precio y con el mismo dinero del banco. Un negocio redondo.

No cuento más sobre la trama para no incurrir en el spoiler.



La película gira, en fin, en torno al recién nombrado presidente del Fenix Bank, de su relación con los diferentes miembros del Consejo de Administración, marcadas por la ambición de estos y la necesidad de mantenerse en la presidencia, un esbozo de sus relaciones familiares y el marco de sus relaciones sociales, marcadas por su presidencia.

Destacaré dos aspectos de la película.

El primero. Su deseo de acostarse con una top model como metáfora de un sistema capitalista permanentemente deseante, permanentemente insatisfecho que siempre quiere más y más, sin límites.

El segundo y último, el carácter cínico del presidente del banco, como única manera de ser, estar, permanecer y sobrevivir. Como el mismo se declara al final de la película soy el nuevo Robin Hood, quito el dinero a los pobres para dárselo a los ricos, entre grandes aplausos del Consejo de Administración.

Dada la actualidad económica en la que nos encontramos, muy a nuestro pesar, se trata de una película muy recomendable.