viernes, 21 de octubre de 2011

Fin

Ayer nos dieron a conocer el fin de la banda ETA a través de un comunicado en el que manifiestan el cese definitivo de su actividad armada.

Sin duda es una gran noticia, más allá de otras valoraciones. ETA llevaba cerca de cuatro décadas de atentados, asesinatos, extorsión, chantaje y miedo, especialmente en Euzkadi y, por extensión, al conjunto del Estado.

Es sin duda otra buena noticia que hayan sido capaces de observar que su actividad terrorista ha sido incapaz de lograr sus objetivos, pese a que hayan tardado largos años en ser conscientes. Nos hubieran ahorrado cantidad de sufrimiento, especialmente a las víctimas, el que hubieran caído en la cuenta muchísimo tiempo antes.

Más allá de los análisis y declaraciones que se vanaglorian del final de la actividad armada de ETA, sería oportuno no caer en el triunfalismo y tomar en consideración una serie de elementos que den lugar al fortalecimiento de la calidad democrática en nuestro país.

Entre estos elementos destaco:

La Ley de Partidos. No es de calidad democrática la ilegalización de partidos políticos por su ideario y proyecto político. Una democracia fuerte y de calidad debe ser capaz de asumir en su seno todo tipo de manifestaciones políticas.

La doctrina judicial del entorno. Se trata de una argucia judicial para criminalizar al conjunto de la izquierda abertzale sin mayores matices.

La doctrina Parot. Otra argucia legal que sitúa la reinserción social del preso en el limbo. Se entiende la pena como un resarcimiento hacia la víctima. El Código Penal no puede ser la herramienta de un ajuste de cuentas ni de usos torticeros en los que se considere al sujeto penado en lugar del delito que se juzga.

La guerra "sucia". Es uno de los elementos que más han debilitado el Estado de Derecho y, por lo tanto las garantías democráticas de este país. Mucho más que la propia actividad terrorista. No es de recibo la creación y operatividad de grupos armados que pueden contar, en mayor o menor medida, por acción o por omisión, con la cobertura del Estado. Tampoco es de recibo en un Estado de Derecho las recurrentes denuncias de torturas y malos tratos en las detenciones de miembros de ETA.

El ventajismo de algunos partidos políticos en la política antiterrorista. Es un elemento en el que quedan perfectamente retratados la altura moral y ética de estas organizaciones. Emerge la condición más miserable del ser humano al someter al tráfico político sentimientos y valores que son contrarios a la convivencia pacífica de una comunidad.

La capacidad de articular el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Si el Estado español se considera una nación de naciones, éstas deben tener la capacidad de decidir sobre su futuro como nación y su engarce con el resto de nacionalidades y territorios que componen el conjunto del Estado. El único límite debe venir dado por el marco democrático y su práctica ciudadana, sin imposiciones y como consecuencia del libre debate político y confrontación de proyectos.
Ser inteligentes conlleva aprender de los fracasos y de los errores cometidos en el pasado. Seámoslo ahora para construir una democracia de y para los ciudadanos y ciudadanas.