lunes, 6 de junio de 2011

Tendremos el Estado de Bienestar que nos podamos permitir


Con esas declaraciones, "Tendremos el Estado de Bienestar que nos podamos permitir", se refería Mariano Rajoy a sus previsibles recortes si alcanza la presidencia de Gobierno en las próximas elecciones generales del año que viene, previsiblemente, según recogía el diario "Público" en su edición de ayer.

Y razón tiene: se puede mantener lo que se puede mantener y no otra cosa. Pero, ¿qué Estado de Bienestar se puede mantener?

Llevo ya varias horas recordando las tesis sobre la quiebra financiera del Estado de Bienestar, tan en boga cuando comenzaba mis estudios de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. A "grosso modo" esas tesis mantenían que el Estado de Bienestar era insostenible debido a la quiebra financiera del Estado, el Estado no podía hacerse cargo de todo, había que dejar margen a la iniciativa individual y que las personas se hicieran responsables de sus vidas.

Comenzaba, entonces, la ofensiva del pensamiento neoliberal y sus primeras escaramuzas contra el enemigo a batir que no es otro que el Estado de Bienestar y sus políticas sociales.

Si esto yo comenzaba a conocerlo en 1989 ya conocen los resultados de la batalla en 2011: recortes sociales, que en aquella época eran impensables.

El Estado de Bienestar que disfrutamos, quizá el verbo "disfrutar" no sea el más adecuado, es uno de los más capidisminuidos que se encuentran en la Unión Europea, junto a los de Grecia, Irlanda y Portugal. Esto responde al estado del poder de las clases sociales en nuestro país, mucho más poderosas las clases altas y media-alta, que las clases media-baja y baja.

También es consecuencia de la política fiscal de manera indudable: si no pagan impuestos en la cantidad que debieran los que más tienen, difícilmente se puede mantener un Estado de Bienestar con unas políticas sociales adecuadas a los que más las necesitan y que promuevan la igualdad.

Aquí sí que emerge el ideario neoliberal: los impuestos elevados a las clases sociales más pudientes, desincentivan la inversión, ya que tienen menos renta disponible. Además, la política fiscal atenta contra la libertad del individuo. La renta de cada individuo debe dedicarse a lo que cada uno considere oportuno, no debe verla disminuida para que el Estado, vía impuestos, lleve a cabo aquello con lo que no estoy de acuerdo.

Para ejemplos dos botones: Rodrigo Rato en unas declaraciones al poco de acceder a la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) manifestó que su ideal era un país en el que no se pagasen impuestos. La otra hace referencia al ala más de derechas de la Escuela de Chicago, fundada por Milton Friedman, los anarco-capitalistas, cuyas propuestas consisten en el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado, esto es, la oferta y la demanda, sin ningún tipo de cortapisa legal. El papel del Estado queda reducido a garantizar el libre desenvolvimiento de la oferta y la demanda.

En este contexto, la demanda de una política fiscal justa, equitativa, en la que paguen más impuestos los que más tienen para dar lugar a políticas sociales (educación, sanidad, pensiones, atención a la dependencia, cuidados a la infancia, pensiones, ...) que palíen las desigualdades sociales son consideradas como ideas propias de una época pasada, comunistas, trasnochadas para los tiempos que corren.

Así, ya nos podemos hacer una idea de cuál es el Estado de Bienestar que nos podemos permitir: uno muy pequeño.

(Para más información sobre el déficit del Estado de Bienestar que padecemos en nuestro país son fundamentales las tesis y las ideas de Vicenç Navarro)