domingo, 15 de noviembre de 2009

“El tren es una tecnología a la medida del hombre, en contraposición al automóvil, pensado para lo individual”



El aguileño Pedro Costa Morata, Premio Nacional de Medio Ambiente, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y ecologista histórico que destacó, en los primeros años de la década de los 70, por su impulso al movimiento ecologista murciano con su oposición a la instalación de una central nuclear en el paraje aguileño de Cabo Cope, inauguró, con una conferencia, las X Jornadas Estatales en defensa del ferrocarril público, que se celebraron el pasado fin de semana, del 6 al 8 de este mes, en Lorca, en el bello marco de la “Casa Huerto Ruano” de esa población.

Las jornadas fueron presentadas por José Luís Ordóñez, con una mesa inicial de salutación compuesta por Francisco Montiel, que representaba al Ayuntamiento de Lorca, Ginés Jaén, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Murcia (FAVERMUR), entidad organizadora de las jornadas, y Manuel Andújar, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Lorca.

Conferencia de Pedro Costa Morata

Juan Antonio Conesa, responsable de Medio Ambiente de FAVERMUR, fue el encargado de hacer una breve reseña del currículum de Pedro Costa Morata, quien inició su disertación, ante un auditorio repleto, con más de noventa personas asistentes, afirmando que se siente ferroviario de corazón, al ser nieto, hijo y sobrino de ferroviarios y porque, huérfano de padre, fue la empresa RENFE la que le financió sus estudios hasta los 18 años. Por eso, y por su origen aguileño, afirmó que le produjo una tremenda preocupación el hecho de que Enrique Barón estuviera a punto de cortar el ramal ferroviario que conecta Lorca con Águilas, una vez consolidado el cierre de la línea Almendricos-Baza, que conectaba la Región de Murcia con Andalucía.

Pedro Costa Morata se mostró totalmente partidario del tren como medio de transporte, pues, dijo, “el tren es una tecnología a la medida del hombre; por los carriles va algo que es colectivo, en contraposición al automóvil, pensado para el uso particular”. Y aunque el tren es un gran logro social, Costa Morata se mostró partidario de limitar las repercusiones sociales de esta tecnología, aunque “actualmente está muy claro que las grandes masas de población han de moverse con un sistema ferroviario”. Tras afirmar que, también para distancias cortas, las cercanías son la solución, Costa evidenció que, a lo largo de todo el siglo XX, se ha producido una “dicotomía” tren-automóvil, sector éste que, últimamente, está sometido a tensiones y problemas a afectan a muchas factorías en que se produce y a muchos ciudadanos.

Y en relación con la supuesta voluntad del actual Gobierno de apostar por la sostenibilidad, Pedro Costa dudó de ello pues, dijo, “no creo que el Gobierno piense en serio que propicia una economía sostenible subvencionando el automóvil y apostando por la energía del carbón”. Por el contrario, Costa cree que, así como en los ´80 del pasado siglo se produjo un proceso de reconversión industrial, ahora le ha llegado el momento al automóvil. “Este sector hay que reestructurarlo; los automóviles deberían durar 30 años, no diez como los actuales”, lo que supone también reestructurar el empleo en este sector y las plantillas que “han de reducirse pero trabajando también menos”.

Tras esta alusión al automóvil, que se constituye en el claro competidor del ferrocarril, Pedro Costa pasó a esbozar algunos detalles sobre las características de la alta velocidad ferroviaria como medio de transporte. Así, dijo que “circular a más de 140 km/hora carece de sentido”, pero reconoció que, en estos momentos, estamos afectados del “virus” del tren de alta velocidad (AVE). Y en relación con este medio, dudó de que, en estos momentos, exista demanda social real para realizar el trayecto de Barcelona a Sevilla en cuatro horas. Por ello, afirmó, “la potenciación del AVE, más que a una demanda real, responde a un deseo de exhibición tecnológica” por parte de sus mentores. “Este tren, con curvas de 3 y 4 kilómetros de radio y con la necesidad de mínimas pendientes, ya no compite ecológicamente con otros medios”, apostilló, aportando unos datos técnicos con los que demostró que el consumo de este tren se acerca al del avión.

El AVE, pues, “producto de una tecnología que practica el culto a la velocidad” es un elemento más de nuestro sistema productivista, supone una regresión, pues, al tener pocas paradas, los habitantes de las poblaciones intermedias por las que pasa han de recurrir a otros medios de transporte, sobre todo el automóvil. “Este super-tren no es un tren porque se ha vuelto contra sus obligaciones sociales”, afirmó Pedro.

Tras citar a algunos autores que cuestionan la alta velocidad ferroviaria, entre ellos a Serge Latouche, que, en su teoría del decrecimiento, también critica el culto a aquélla, Pedro Costa Morata terminó su conferencia con una cita del Premio Noble de Literatura, Saramago: “ No hay que tener prisa, lo cual no significa que haya que perder el tiempo”.